Ed. Impresa EL CLAVO EN EL ZAPATO
BAU: La revolución (del arte) está en la calle
Por Fadrique Iglesias Mendizábal - Periodista Invitado - 23/09/2011
Hasta hace unos años, lo más atrevido en el arte estaba fundamentalmente dentro de las galerías, quizás tras el legado de las vanguardias francesas en la transición del siglo XIX al XX y luego en el Nueva York de Andy Warhol. Pero a las puertas del siglo XXI muchas cosas han cambiado. El acceso a la cultura se ha atomizado, causando que una porción del arte se encapsule a ciertas élites y otra muy importante se democratice para permear en nuevas capas de la sociedad.
En este segundo grupo de nuevas capas, tradicionalmente menos atendido por el mercado y por la crítica especializada –por lo menos hasta lograr alcanzar el mainstream--, podemos ver una vitalidad inusitada. El arte más vivo actualmente quizás provenga de las artes callejeras, y no solamente de la mano de la superestrella británica más mediática de la actualidad, Banksy, sino de un robusto grupo de artistas, muchas veces anónimos, repartidos por todo el planeta.
En Cochabamba, el arte más reivindicativo y que ha gozado más vigor en los últimos años se ve en el mARTadero, verdadero detonador de emprendimientos culturales y artísticos con una perspectiva de cambio social.
Su más reciente apuesta es la Bienal de Arte Urbano –BAU-- que durante 15 días revolucionará la zona sur de Cochabamba, específicamente mediante intervenciones en Villa Coronilla, a través de colores, texturas, ideas e ilusiones.
La solidez del evento no gravita solamente en sus expositores, sino en la firmeza de la propuesta, en su misión –sintetizada en un sesudo alegato en la página web--, en la capacidad de interacción social con un barrio tradicionalmente postergado por las administraciones públicas en cuanto a su dotación de servicios culturales y en que se apuntala mediante un compacto código ético, causando que la Bienal de Arte Urbano sea algo muy diferente a una exposición de arte de calle.
El código ético, fundamentado en la preocupación por intervenciones irrespetuosas que llevan a la gente a identificar el arte urbano con el vandalismo, comprende siete puntos que abarcan una profunda idea de respeto por el otro, por el patrimonio y por la libertad de creación, en una lógica constructiva, lúdica, colaborativa y en un ambiente de profesionalidad. En palabras del director del mARTadero, Fernando García, este código, como todos los códigos, constituye sólo una reflexión sobre las posibles razones de nuestro actuar. El concepto central del evento parte del prefijo trans: transformador, transgresivo, transdisciplinar, transitorio, transituacionista, transvanguardista, transmisor, transpersonal, transmoderno y translúcido e indaga lógicas ocultas laterales, narrativas paralelas de la ciudadanía, resignificaciones de contenidos y de espacios residuales, rescate de lo cotidiano y críticas a hegemonías. Lo simbólico y lo artístico de la mano para lograr reflexiones y cuestionamientos personales y colectivos.
Hace unas semanas Ana María Galindo, de Mujeres Creando, caviló sobre el arte contemporáneo nacional a propósito de su negativa a exponer en el Siart de La Paz, argumentando que ese tipo de eventos estaba limitado a “cuatro calles y familias”. De ser cierto su razonamiento, iniciativas como la BAU de Cochabamba irían encaminadas a ampliar esas cuatro calles.
El autor tiene estudios en administración de industrias culturales y desarrollo local.
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