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La economía plural

Por Henry A. Pinto Dávalos - Periodista Invitado - 25/01/2012


Un elemento importante dentro la configuración del Estado Plurinacional de Bolivia, es justamente el referido a la dimensión económica–social del cambio, sintetizada en la consigna de la economía plural. Al respecto, si bien el Art. 306 de la nueva Constitución enseña que: “La Economía Plural está constituida por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa”, en los hechos, en Bolivia, rige una economía de mercado, liberal, con fuerte énfasis en el sector estatal y privado, al punto tal que el mismo Alfredo Rada (exministro de Gobierno) en su artículo titulado “La estabilidad le gana al cambio” (Página Siete),  afirma: “Este pluralismo pasa por alto que la realidad técnica, organizativa y cultural de la producción capitalista sigue dominando a las demás formas sociales y comunitarias. Ignora que no será posible construir un nuevo modelo económico social comunitario si no es transformando las relaciones sociales de producción capitalistas, así como las formas de transferencia de valor desde las economías comunitarias hacia las económicas capitalistas. Ignora que en este contexto pluralmente denominado por el poder del capital, los propios avances en la nacionalización del sector hidrocarburos pueden terminar anclados en una nueva versión de capitalismo de Estado”. Más claro, agua.

Estas declaraciones, en realidad, tienen el mérito de develarnos lo que sucede exactamente hoy en Bolivia: un país que si bien reclama estar transitando hacia un Nuevo Modelo Productivo Nacional con fuerte énfasis en la económica estatal, comunitaria y cooperativa, sin embargo, en los hechos, adopta las lógicas del capitalismo a secas y de las relaciones sociales de producción capitalistas a las que hace referencia Rada (economía de mercado), las que regulan la vida cotidiana de la sociedad y de los grandes negocios del Estado (véase cualquier dato del sector de hidrocarburos o de energía eléctrica),  por lo que el Gobierno se encuentra en la difícil encrucijada de acabar apostando por una economía capitalista o en su caso, buscar el equilibrio dentro de esa economía plural, donde –tal como lo afirma Rada– es el poder del capital el que manda y define el curso inmediato.

Al respecto, se puede citar como un elemento central de esta tensión el famoso gasolinazo asumido en diciembre de 2010, el cual no sólo puso en tela de juicio la economía de bienestar, abundancia y bonanza, sino también el carácter socialista del Gobierno, mostrándonos que Bolivia no había sido una isla en contexto internacional y que, por ende, no está ajena a las leyes de la oferta y la demanda, propias del sistema capitalista. He ahí, la tragedia de este nuevo Estado, que no acaba de enraizar adecuadamente sus pilares, ni tampoco de borrar completamente las taras neoliberales de su configuración genealógica.
 
El autor es abogado, politólogo y catedrático


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