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Sobre la discriminación del saber

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 4/02/2012


MARÍA ELENA PONCE ZAMBRANA

Muchas veces el problema de la discriminación en nuestro país ha sido objeto de enfoques miopes que no logran captar la profunda complejidad sistémica de este fenómeno. Esto es especialmente visible en el ámbito popular, donde gran parte de la población que se declara abiertamente contraria al racismo toma, en los hechos, posiciones que reproducen (aun de modo no consciente) la misma dinámica eurocentrista que ha caracterizado la mentalidad boliviana en décadas pasadas.

En el espacio educativo (donde se configura el pensamiento de las generaciones inmediatamente futuras), este hecho se hace patente en formas altamente indicativas. En una esfera que se halla ausente de la expresión de posiciones políticas (al menos en su etapa primaria), parece descartarse el supuesto de que la flagrante oposición de la población urbana al Gobierno de Evo Morales se halle sostenida sobre una visión racista, directamente apuntada al origen étnico de nuestro Presidente. Por otro lado, se plantea con enorme fuerza aquello que Santos llama “lógicas de producción de inexistencia”.

La hipótesis del sociólogo portugués señala que dentro del funcionamiento del sistema mundial se establece cierto número de “hegemonías ideológicas” de orden sistémico que sirven a la reproducción constante de una “discriminación de saberes”. En lo concreto, esto se plasma en el hecho de que la enorme mayoría de los saberes indígenas (patrimonio fundamental de nuestro país de acuerdo a la CPE) son producidos activamente como una “alternativa no creíble a lo real”, es decir, son sistemáticamente eyectados como una forma de no–conocimiento, de “riqueza cultural” no viable para valorar la realidad.

A pesar de la apertura formal que existe hoy en día hacia lo plural, el conjunto de saberes de los pueblos indígena originario campesinos es, en el mejor de los casos, visto y valorado como una suerte de “curiosidades inofensivas”. Esta escala de jerarquización del saber que, a nivel educativo, logra consagrar la inferioridad esencial de toda forma de conocimiento alternativa al saber científico, se presenta como uno de los enormes desafíos que debe enfrentar el Estado Plurinacional, más aun cuando ella supone que el futuro institucional del país vaya a dejar nuevamente de lado la profunda importancia de lógicas “originarias” que la Constitución Política sostiene formalmente.

Individualismo, empirismo, utilitarismo y progreso lineal son, entre otras, las consignas fundamentales que demarcan transversalmente la ciencia moderna que, a pesar de su indudable validez, no deja de ser en su aplicación hegemónica un foco poderoso de discriminación respecto de las lógicas de complementariedad, reciprocidad y colectivismo que subyacen a las culturas originarias del país.

En el entendido de que la tecnología estatal, el ordenamiento jurídico y los sistemas administrativos del nuevo Estado deben construirse rescatando y vinculando los diferentes saberes y lógicas del conjunto de naciones que nos componen, se hace necesario introducir en la educación una dinámica de diálogo y de participación que pueda conjugar nuestras diferentes formas de conocer la realidad. De ello dependerá la legitimidad y solidez de la institucionalidad futura.
 
La autora es docente y normalista

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