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¿Fraternidad con uñas afiladas?

Por Oscar Peña Franco - Columnista - 11/02/2012


Pululan por todos los costados los que proclaman, altisonantes, la fraternidad entre todos y están, a la vez, afilando las uñas.  Es por eso que todos nos sentimos hondamente bolivianos pero a la hora de explicar por qué,  trastabillamos

En desmedro de nuestros buenos deseos y nuestro optimismo, cabe esperarlo: este 2012 será, lo es ya a pesar de encontrarse en sus comienzos, un año difícil, un año de conflictos empujados permanentemente y por diferentes fuerzas al terreno de la pugnacidad y la violencia. 

¿Ejemplos? Los hay de sobra. La reforma del sistema educativo y sus detractores de izquierda y de derecha, evidentemente dispuestos a dar batalla. El atormentado Tipnis con leyes que van y leyes que vienen, marchas que se suceden casi sin solución de continuidad y políticos que lo han convertido en río revuelto de abundante pesca. Los discapacitados –—merecedores de atención por parte del Estado— que sí aceptan pero no aceptan el bono que les ofrece el Gobierno.

Dos departamentos (Chuquisaca y Tarija) que proclaman su fraternidad pero se muestran las uñas mientras el gas que guarda su subsuelo sigue a la espera de mejor ocasión para ser útil a toda la patria. Y otros que hacen bullanguera cola mientras esperan su turno. Médicos y personal de salud que abandonan los hospitales para tomar las calles en protesta contra una norma que los obliga a trabajar, igual que a todos, ocho horas al día. Todo ello matizado por prematuros cálculos y expectativas con los ojos puestos en la elección presidencial y parlamentaria de fines de 2013.

Somos un país joven que vive su juventud con la violencia anímica común a las épocas de cambio en todo tiempo y lugar. Lo peligroso es que es una violencia propensa a desembocar en formas directas que ponen en riesgo la paz social y son una amenaza a la integridad y a la vida de la gente. He ahí la fisonomía de una crisis frente a la cual gobernantes y opositores son titulares de idéntica responsabilidad. Si no asumen su responsabilidad y proceden en consecuencia, de responsables pasarán a culpables.

En el instrumental de las soluciones posibles a los conflictos, el diálogo figura siempre en primer término. Pero para que el diálogo dé frutos, son indispensables algunos requisitos, el primero, entre todos, la confianza en el diálogo como herramienta concertadora. Ello, implica la confianza recíproca entre los negociadores. Debe existir voluntad de acuerdo en vez de la oculta intención de aprovechar la oportunidad con propósitos divisionistas o mezquinos.

Hoy y aquí, frente a la multitud de conflictos en constante acecho, los valores tienen dudosa jerarquía. Están invertidos. Sobresalen la soberbia del que cree que cualquier cosa está bien hecha porque la hace él y la mezquindad del que dice    que todo está mal hecho porque lo hizo el adversario.

Pululan por todos los costados los que proclaman, altisonantes, la fraternidad entre todos y están, a la vez, afilando las uñas.

Es por eso que todos nos sentimos hondamente bolivianos pero a la hora de explicar por qué, trastabillamos. La pugnacidad que caracteriza a nuestros dirigentes —los de arriba y los de abajo, los de la izquierda y los de la derecha— y que de manera inevitable contagia a “las bases”, salpica de inseguridad nuestra declamación patriótica. Así ha sido antes, así es hoy. Mañana, quién sabe.
 
El autor es periodista

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