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No nos prestemos problemas

Por Ramón Rocha Monroy - Columnista - 11/02/2012


Tengo un buen amigo que, si se levanta optimista, pronto comienza a reflexionar sobre el futuro, y entonces es inevitable que diga: “No sé, como van las cosas…”, frase cargada de negros presagios. Es como si se prestara problemas del futuro para ensombrecer el presente, cosa que hacen las hormigas y no las cigarras, si vamos a creer en la fábula.

Esta actitud se parece a otra de telenovela: la joven y guapa señora se exhibe desnuda ante el marido y le reprocha (mimosa, por supuesto): “Claro, ahora me quieres, me deseas, pero ¿qué pasará cuando se me caigan las tetas?” El marido puede optar por un exceso falaz: “Nunca, ¿lo oyes?, nunca voy a dejar de amarte, hasta que la muerte nos separe”. ¡Ja! Habría que verlo al cabo de 10 ó de 20 años de intimidad conyugal. Pero quizá sería más sensato si atrajera a su cónyuge desnuda y le dijera al oído: “Mi amor, esperemos que se te caigan y entonces veremos…”

El ejemplo viene a cuento porque hay cientos de heraldos negros que hoy lanzan sus críticas contra el “imperialismo brasilero”.

Está claro que jamás apoyaremos ningún imperialismo, que siempre defenderemos la soberanía nacional, pero es curioso que muchos de los críticos de la política exterior del Brasil, jamás abrieron la boca contra el “imperialismo norteamericano”, no obstante la abrumadora lista de intervenciones unilaterales que el Departamento de Estado y el Pentágono hicieron en el continente motu propio, sin consultar a los países de la OEA, según sus intereses.

Algo así ocurre, por ejemplo, con la ocupación de Haití por 10.000 marines norteamericanos, que no han hecho avances sustanciales en la reconstrucción de ese atribulado país tras el terremoto, pero sí lo han ocupado de facto quizá porque es un punto estratégico en el Caribe. ¿Hemos oído alguna vez una crítica de los críticos del “imperialismo brasilero” contra la ocupación de Haití?

La política es un arte mayor en el cual es necesario tener aliados, así fueran circunstanciales. Bolívar, al enfrentarse al imperio español, no vaciló en coquetear con el imperio inglés (acaso el más letal que jamás haya habido en el mundo, al punto que llegó a tener 32 millones de kilómetros cuadrados en los cinco continentes). Señaló a los Estados Unidos como el gran peligro para la unión de Nuestra América, como le gustaba decir a Miranda, y mantuvo línea directa con el imperio inglés para librarse del yugo español. ¿Fue un agente inglés? Sería aventurado decirlo, suponerlo siquiera: en realidad, era un gran político que conocía el principio de golpear juntos y andar separados.

Esto ocurre con el llamado “imperio brasilero”, que ha mostrado su interés por desarrollar la infraestructura básica de toda Sudamérica y ha creado un Banco de Desarrollo, pero también está dando fin con la Doctrina Monroe, de América para los americanos, que escondía una falacia evidente, pues en realidad era América para los norteamericanos.

Hoy se interpone el Brasil con una alianza estratégica de Sudamérica en la cual es un líder indiscutible, pero no el único ni con el carácter omnímodo que tuvieron los Estados Unidos cuando la Guerra Fría. Ahí están Argentina, Chile, Venezuela, Perú para confirmarlo, pero está también Bolivia, cuya ubicación geográfica en el subcontinente es crucial para solucionar nuestros problemas económicos.

Lo que no hemos podido solucionar por la historia lo vamos a solucionar con la geografía; lo que no con la política lo vamos a solucionar con la economía.

Quizá a futuro surjan problemas con los intereses brasileros, pero es evidente que al Brasil todavía no se le han caído las tetas.
 
El autor es Cronista de Cochabamba

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