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Cuestión de orden

Por Róger Cortés Hurtado - Periodista Invitado - 12/02/2012


La manifestación más notoria de la crisis de Estado, vigente durante la década 1998 a 2008 en nuestro país fue la incapacidad estatal de preservar el orden. El ascenso de los conflictos, su propagación diluyendo toda la capacidad institucional de intermediar o contenerlos, generaron una situación que concluyó con una profunda recomposición del Estado.

Ya sea que el Estado sea visto como árbitro y componedor de contradicciones o como maquinaria de dominación, la esencia de su función propiamente política radica en la capacidad para impedir que la sociedad se agote y se consuma en choques en los que se disputen intereses particulares. Lo que ahora nos ocurre es que el nuevo régimen que se erige al cabo de superar la crisis estatal, está utilizando toda su fuerza y recursos para incentivar tales choques y contradicciones.

Se cumple prácticamente un año, desde el momento en que las organizaciones indígenas de tierras bajas anunciaron que resistirían el empeño gubernamental de imponer un oscuro proyecto caminero, las querellas y la conmoción persisten, alentadas por el propio Estado, que socava leyes e instituciones y promueve la desobediencia, rebeldía y desconfianza, en su intento de imponer la autoridad, a la más vieja usanza, con los peores recursos de la política tradicional: amedrentamiento y cooptación. 

Abre ahora un nuevo capítulo de esta enconada lucha, aprobando una ley orientada a desconocer otra, cometiendo la peor de las equivocaciones al suponer que la aguerrida cohesión de sus parlamentarios es señal de aprobación social de su conducta. El núcleo más fiel de sus adherentes, que ronda un 35 por ciento del electorado, lo acompaña en ésta y otras decisiones, pero el resto de la sociedad, incluyendo a rivales de siempre y amigos y aliados, converge en una resistencia, donde las más variadas críticas y oposiciones, se alinean en torno a la defensa del Tipnis y las demandas indígenas.

El régimen más fuerte de la historia boliviana contemporánea, que ha conseguido erigir en plazos brevísimos un bloque dominante de raíces plebeyas, está sembrando con el mismo enfebrecido ritmo las bases de una crisis y descomposición de ese Estado que apenas ha comenzado a construirse.
 
El autor es docente universitario

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