Ed. Impresa LA CURVA RECTA
Y la carretera va….
Por Agustín Echalar Ascarrunz - Periodista Invitado - 12/02/2012
El último domingo de octubre del año pasado tuve el honor de ser invitado al programa “Pentágono” dirigido por Mario Espinoza; participaban en la mesa de discusión el exministro de Gobierno Alfredo Rada, y la futura ministra de Informaciones Amanda Dávila. A principios de la semana había sido promulgada la Ley Corta que vetaba la construcción de la carretera que horadaría el Tipnis, y el Gobierno ya había dado muestras claras de que eso no se quedaba así, y que exigía una revancha.
Quise poner en discusión la estrategia que se estaría poniendo en marcha para revertir esta derrota gubernamental ante el clamor del pueblo, pero Amanda descartó frontalmente el tema diciendo que ella creía que no estaba en los planes del Gobierno reconsiderar esa situación, porque añadió, “eso sería extremadamente insensato”. Rada asintió, traté de insistir, diciendo que precisamente era posible, porque el Gobierno había hecho muchas cosas insensatas en relación al Tipnis, pero perdí, el tema se cerró.
Me quedé con un sabor amargo en la boca, pensando si Amanda tenía una visión tan ingenua del comportamiento del Gobierno o si en realidad no había nada de naif en su participación, y estaba comprometiendo su agudeza periodística sólo para no permitir que recayeran sospechas sobre un accionar deshonesto del Gobierno de sus amores. No deja de ser interesante el que las aseveraciones de Amanda hayan resultado tan destartaladas en un espacio de tiempo tan pequeño, y que sea ella ahora la encargada de orquestar la información respecto a esta nueva canallada del Gobierno. ¿Dirá algo en el programa de esta noche?
Lo que ha acontecido estas semanas ha sido una muestra no sólo de la impostura que es este Gobierno, sino de su increíble cinismo. No quiero negar que la octava marcha de indígenas de tierras bajas, en defensa del Tipnis pueda haber tenido un fuerte apoyo externo a los mismos indígenas del lugar, y está claro que quienes están descontentos con el Gobierno hallaron en esa marcha una posibilidad de mostrar su posición, pero no por eso dejó de ser una demanda legítima, en el sentido de que además recuperaba el espíritu de la Constitución vigente, (por muy penosa que esta sea) y de los conceptos de respeto a la Madre Tierra, y a los valores ancestrales. Pero hay algo más, pone en evidencia cuán despreciable puede ser una Asamblea Legislativa que no se ruboriza ante un cambio tan drástico en la sanción de una ley y otra en un lapso tan corto de tiempo. Las presidentas de ambas cámaras han oficiado de una especie de alcahuetas, tendiendo la cama para que el Gobierno desgarre brutalmente a esa mujer que ya no es virgen, pero que no quiere ser avasallada por el señor de turno, ni por los vecinos que lo acompañan en la fechoría.
Hay algo más. Si se considerara que los pedidos de la marcha del Conisur son genuinos, y no han sido inducidos por el Gobierno, si eso en vez de una maquinación maquiavélica fuera una real expresión de una parte de los pobladores originarios de un parque nacional, entonces un paradigma más habría caído al lodo, el de creer que los indígenas de tierras bajas son los mejores conservadores de la naturaleza. Tal vez sea verdad, interesante es que haya sido Evo el que se encargó de desenmascararlos.
El autor es operador de turismo
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