Ed. Impresa PUNTOS DE VISTA
Nuestra doble moral
Por Hugo Víctor Ramírez V. - Columnista - 13/02/2012
¿Qué valores podremos exigir de nuestros hijos en el futuro, si les despojamos de los fundamentales con nuestra patética doble moral?
Los recientes hechos de discriminación e intolerancia ocurridos en el colegio Bolívar de Cochabamba nos muestran otra faceta de la sociedad boliviana: su nada disimulada doble moral. Por un lado, exigimos la igualdad de derechos, la erradicación de la discriminación y el racismo, vamos de la mano con la iglesia y pregonamos seguir al pie de la letra la continuidad de los principios éticos en la familia y reclamamos que suceda lo mismo en la escuela; empero, por otro lado, cuando se trata de defender nuestros propios intereses –por cierto mezquinos, tal como sucede en Cochabamba– nos olvidamos de la importancia y la necesidad de la neutralidad de estos valores en beneficio y crecimiento de aquello que llamamos sociedad.
Los mayores principios éticos que guían la vida de una persona emanan de dos grandes fuentes: la familia y la escuela. Paralelamente a ellos, la puesta en práctica de la tolerancia ocupa un lugar primordial en el desarrollo de todo ser humano. Por supuesto, se debe saber que ésta no cae del cielo, va condicionada por un soporte: la moral. Y no sólo eso, también se vale de un adecuado juicio de valores y pensamiento (auto) crítico que, aparentemente, debemos aprender a controlar a lo largo de nuestra vida (mientras más jóvenes, mucho mejor). La tolerancia es en realidad un sacrificio que se debe hacer cuando se convive en colectividad –cuando descubrimos que la voluntad, las creencias y las prácticas sociales de los otros son incluso contrarias o incompatibles a las nuestras, entonces en ese momento se pone a prueba nuestra capacidad de tolerancia hacia las y los demás–. El filósofo David Heyd menciona incluso que ésta nos trae paz y asegura la coexistencia social en una sociedad. En teoría, relativamente simple; sin embargo, en la práctica, tal como vemos, se encuentra repleta de malentendidos.
A propósito de “malentendidos”, por la intolerancia que actualmente se lleva a la práctica en el colegio Bolívar, deberíamos preguntarnos adónde se fue esa sociedad fiel a su “educación moral”, a su fe católica, la que pregona de poseer un compromiso social y valores por doquier. Hasta el momento, y debemos decirlo con pena, pareciera que actuamos como una desvergonzada colectividad que es incapaz de realizar análisis significativos, autónomos y autocríticos de lo que sucede a su alrededor. Sólo eso explicaría el ridículo al cual hemos llegado, pensando únicamente en los problemas que supuestamente traerán un puñado de alumnas y no así en los beneficios de una fructífera coexistencia social. Si seguimos a este paso ¿qué valores podremos exigir de nuestros hijos en el futuro, si les despojamos de los fundamentales con nuestra patética doble moral?
El autor es editor de Columna Contempora
www.wix.com/contempora/2012
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