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Cuestión de medios

Por Juan José Anaya Giorgis - Columnista - 10/05/2012


1921 fue un año muy especial para la historia naturalista boliviana. En aquel entonces ingresó al país por el norte argentino el distinguido doctor en geología Harvey Bassler de la universidad de Pensilvania. Como el sabio Alcide d'Orbigny lo hizo un siglo antes, Bassler vino a estudiar la geología y paleontología en la vasta geografía desconocida de Bolivia pero los fines del gringo no son técnicamente los mismos; entre las motivaciones de d´Orbigny abundaba la búsqueda del conocimiento aunque sin duda siempre tuvo un ojo puesto sobre los recursos naturales que aparecían a su paso por los yungas y selvas bolivianas, sin embargo el petróleo fue prácticamente ignorado por él ya que su importancia industrial era aún desconocida en ese mundo.

En cambio Bassler (cuyos intereses científicos eran tan respetables como los del francés) llegó a buscar petróleo junto a un grupo especialistas conciudadanos suyos enviados expresamente para eso por la oscura Standard Oil Company of New Jarsy (SOC), vaya a saber uno en qué condiciones contractuales. La misión Bassler recorrió por más de dos años las serranías ardientes y escarpadas del subandino meridional y el infierno verde chaqueño. Durante el curso de la peripecia la compañía de arrieros argentinos encargada de transportar equipos y provisiones los abandonó de modo que tuvieron que convencer a las tribus de la zona para que acceden a prestar sus servicios como cargadores, algo que no había sido previsto por la misión confiada en la existencia de una clase proletaria domesticada por estas latitudes.

A través de su ruta no dejaron estructuras potenciales para la producción de hidrocarburos sin apuntar debidamente sus coordenadas geográficas y definir su lugar en el mapa de las edades de la tierra con aceptable precisión para un trabajo promisorio.

De hecho cuando Harvey concluyó la misión se dice que al firmar el grueso informe de la comisión para la SOC (documentos técnicos, planos y datos económicos) pronunció estas palabras míticas: "Podemos irnos ahora a casa, satisfechos de un esfuerzo titánico. Os agradezco vuestra amistad y cooperación. No olvidaré jamás estos años pasados en una tierra milagrosa donde una riqueza fabulosa ¡espera que los hombres la exploten!”.

Cabe preguntarse si lo dijo regido por una ética kantiana o lockeana. En el primer caso se sigue la tradición del respeto al derecho de propiedad en beneficio del que llegó primero, en el segundo, a diferencia, se abraza sin mayor reparo el ideal según el cual dios le dio la tierra a todos los hombres sin dibujarles fronteras. Por mi parte no voy a interpretar la motivación de aquel epílogo pronunciado por un hombre cuya biografía (de existir) ignoro. Sin embargo, la filosofía lockeana era la fuerza motriz que inspiraba no sólo a la gente de la SOC, sino también al capitalismo “bandidesco” de la época, incluida la mente de los liberales bolivianos renegados del catolicismo medieval defendido por hombres como Abel Iturralde.

De cualquier forma tanto liberales como conservadores no tuvieron reparos morales para vender las concesiones que ellos habían obtenido del Gobierno boliviano hasta 1916 (fecha en que se anulan las concesiones petroleras amparadas en la ley de minas) a William Braden, entonces residente en Chile y cuyo consolidado (más de un millón de hectáreas) fue a parar en manos de las transnacionales. Curiosamente muchos vendedores luego lucharon contra la SOC. Ojalá pusiéramos el mismo empeño en crear el conocimiento necesario para prescindir efectivamente de los medios transnacionales como el puesto para combatirlas.

El autor es economista

llamadecristal@hotmail.com


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