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Tu teléfono y las golondrinas

Por Chellis Glendinning - Periodista Invitado - 10/05/2012


Yo recuerdo algunos polluelitos muertos cayendo desde un molle en Tiquipaya. Al final, no quedó ninguno. Esto no es algo que una persona con sensibilidad quiere encontrar otra vez.  Al investigar la causa, descubrí que el nido estaba colocado dentro de un radio de medio kilómetro entre dos torres celulares y a 50 metros de una casa con un sistema de WiFi.

En India, científicos de la Asociación de Investigadores del Medioambiente de Kerala (KERA) han observado que los huevos de las golondrinas con nidos cerca de las torres no eclosionan. Según el Dr. Sainudeen Pattazhy de KERA, la radiación “puede herir los cráneos delgados de los polluelos y las cáscaras de los huevos.” Un otro de sus estudios, en que pusieron teléfonos móviles cerca de colmenas, reveló que en cinco días las colonias habían colapsado; ninguna abeja se volvió a ver jamás. Y después, los animales que normalmente visitan colmenas abandonadas para sacar la miel no quisieron acercarse a éstas. La implicación para nosotros es obvia y grave: las verduras y frutas de las huertas y cosechas del mundo dependen de la polinización promovida por las abejas.

Los pájaros, mariposas, peces e insectos son particularmente sensibles a la radiación electromagnética del planeta para navegar en sus migraciones y buscar comida, para sus ritmos circadianos y actividades de reproducción. Evolucionaron en una relación dinámica con esta fuerza natural. Pero la radiación producida por las antenas, zonas WiFi, teléfonos inteligentes, fijos inalámbricos, laptops con WiFi y otros aparatos es más poderosa. Un fundador de la bio-física, Roberto O. Becker, dice que hoy en día, en algunos lugares, la cantidad de radiación llega a 1.000.000 de veces más de lo normal que en la época en que la vida se desarrolló.

El resultado: animales salvajes salen de su terreno cuando se instalan torres celulares. Las vacas tienen más cánceres, producen menos leche y sufren de más enfermedades del sistema inmunológico; nacen becerros con mutaciones grotescas y se producen más abortos espontáneos. Los árboles también sufren: bosques enteros en Europa han muerto, secos desde sus coronas hasta sus raíces. Mientras tanto, cientos de estudios con animales en laboratorios han descubierto mayores índices de cánceres y mortalidad cuando hay exposición continua y de niveles pequeños.

La radiación electromagnética pone en peligro toda la vida. Bolivia es única. Hay leyes para proteger la naturaleza; el país es conocido por éstas. Tenemos que usarlas no sólo para preservar los bosques, selvas y sus culturas de súper carreteras y proyectos industriales, sino de tecnologías que están matando al mundo natural.

Los cuerpos muertos de polluelitos, con sus plumas aún húmedas y picos chiquititos, no son algo que una persona quisiera presenciar dos veces.

La autora es escritora y psicóloga


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