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Renace la esperanza roja
Por Constantino Rojas Burgos - Periodista Invitado - 17/07/2012
Llanto, desazón, impotencia, desesperación, incredulidad, diferentes estados de ánimo se vieron en las tribunas del estadio, en el campo de juego, en las calles y en los hogares cuando el Club Wilstermann —el orgullo de Cochabamba— descendió de la Liga de Fútbol para jugar en la Asociación Departamental.
Alegría, abrazos, flamear de banderas, gritos de alborozo, bocinazos en los autos, expresiones de contento y de satisfacción por el triunfo de Wilstermann frente a Guabirá que le permitió volver a la Liga en una sola temporada de fútbol, después de pasar una serie de pruebas, que no supo aprovechar en su momento; pero que de todos modos, le permitió alcanzar un anhelo deseado por todos los hinchas.
Lo cierto es que Wilstermann está otra vez en la Liga Profesional de Fútbol Boliviano, ahora con un nuevo directorio decidido a invertir y ponerle el hombro para tener un equipo competitivo y con ganas de lograr un sitial importante en la tabla de posiciones. Los dirigentes no han escatimado esfuerzos para conformar un equipo que responda a las exigencias de la hinchada que asiste al estadio Félix Capriles y muestra su apoyo y cariño por el club de sus amores.
El ascenso de Wilstermann a la Liga de Fútbol le devolvió la vida a Cochabamba, volvieron a renacer las esperanzas no sólo de los hinchas wilstermanistas, también de personas de todas las edades ligadas al negocio, que justo cuando juega Wilstermann aprovechan para generar ingresos por la venta de diferentes productos y servicios que el cochabambino que va al estadio Capriles aprecia de veras.
Desde los niños y las mujeres que venden plastoformo, los cuidadores de autos y de motocicletas, vendedores de refresco, empanadas, sándwiches, vendedores de radiorreceptores y auriculares, helados de canela y de leche, en fin, un espacio ideal para satisfacer la demanda de las necesidades de los hinchas y de generar trabajo incluso para los revendedores de entradas, que ven una forma de vida para generar ingresos con los hinchas que llegan tarde y que quieren evitarse de hacer largas colas.
Eso ocurre en el interior y en los alrededores del estadio, pero también encontramos empresas que se ocupan de fabricar poleras que los wilstermanistas no dudan de ponerse cada que juega su equipo, una especie de marea roja que sobresale en la curva norte, curva sur, popular y también preferencia, porque, definitivamente Wilstermann es un club pasión de multitudes que no se lo puede negar.
Siendo hincha del tigre y asiduo asistente al estadio Capriles no puedo dejar de señalar que el Wilstermann, el equipo rojo está muy arraigado en todos los sectores y las clases sociales de Cochabamba, niños, adolecentes, mujeres, adultos y personas de la tercera edad, no dudan de expresar sus sentimientos por un equipo que tiene historia y que menos mal retornó a la Liga de Fútbol Profesional en tiempo récord para alegría de todos quienes vibran y se emocionan con el equipo de sus amores.
Renace la esperanza del rojo, lleno total de hinchas en el Félix Capriles que creen, sueñan, aman y se alegran cuando gana su equipo. Sufren, gritan, insultan al árbitro, se desesperan cuando pierde el equipo, pero sus corazones están igual de intactos porque no se cambian por nada. En las buenas y en las malas, el equipo rojo está siempre presente para animar y dar vida al fútbol cochabambino. La esperanza es lo último que se pierde.
El autor es periodista e hincha del Tigre
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