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La hora de los cárteles
Por Cayo Salinas - Columnista - 29/07/2012
Sabíamos todos que uno de los puntos débiles del Gobierno iba a ser el vinculado con la tarea de erradicación de hoja de coca y su correlato, que no es otro que la lucha contra el narcotráfico. Y no es que piense que dicha debilidad se encuentra relacionada con lo que alguna gente cree respecto a los supuestos nexos del MAS y del Gobierno con la producción ilícita de estupefacientes. En todo caso, soy un firme abanderado de la presunción de inocencia como principio rector que nutre las relaciones de los individuos entre sí y de estos con el Estado, por lo que seguiré afirmando que mientras no exista prueba contundente que de certeza de la existencia real de tales nexos, todo es puro cuento y masistas y oficialistas ¡son inocentes! Lo que sí es cierto es que bajo la actual administración esta actividad ha cobrado inusitado apogeo y que éste ha sido relacionado con el rol que ejerce el Presidente de la República como Presidente de las Seis Federaciones del Trópico.
Personalmente pienso que ambos papeles no son incompatibles si acaso se cumple la tarea como manda la ley, por lo que seguramente son razones de sobrevivencia política y lealtad que alimentan los vínculos entre cocaleros y Evo Morales (no entre cocaleros y el MAS) lo que ha dado curso a que de alguna manera la región del Chapare y la producción excedentaria de hoja de coca no haya merecido –bajo esta administración– la atención que sí confirieron otros Gobiernos. Eso no quiere decir que el actual esté amparando el narcotráfico o que los apelativos de que Bolivia se ha convertido en un “Narco- Estado” sean ciertos. El problema pasa por determinar qué es más importante, si las relaciones con un sector combativo fiel a Evo como el cocalero, o las obligaciones para con la sociedad, la ley nacional y los tratados internacionales que reconocen, todos ellos, el uso de la coca en su estado natural y no así el iter que permite se convierta en estupefaciente.
Desde el punto de vista político Evo sabe que los cocaleros siempre le serán incondicionales y que llegado el momento será ese sector el que lo cobijará y amparará, por lo que bajo concepto alguno puede darse la licencia de menoscabar vínculos de hermandad que sin lugar a dudas son inquebrantables; desde una mirada como dignatario de Estado entiende que el tema se le está yendo de las manos porque ese laissez faire, laissez passer tan liberal y denostado en Gobiernos de corte socialista, está logrando que la presencia extranjera en esta materia se haya tornado altamente preocupante para todos, para liberales y para los que no lo son. No olvidemos que una parte importante de la producción de hoja de coca del Chapare se utiliza para fabricar cocaína y que el MAS y todos los mortales en este planeta ¡lo sabemos! Termino aquí: frente a una realidad incontrastable que muestra a Bolivia como un país donde la producción de materia prima para fabricar cocaína ha alcanzado niveles de consideración, caben ciertas interrogantes: ¿el Gobierno está evitando de manera eficaz y oportuna la presencia de cultivos excedentarios de hoja de coca, o está priorizando sus relaciones con el sector cocalero?; ¿qué pesan más, dichas relaciones o el deber de eludir que Bolivia efectivamente se convierta en un Narco -Estado?; ¿será prudente continuar con la estrategia de soslayar episodios que dan cuenta de la probable presencia de cárteles extranjeros en Bolivia? y finalmente, ¿pesará más la fidelidad que el deber cumplido?
El autor es abogado
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