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Una contienda muy reñida

Por Alberto Zelada Castedo - Columnista - 1/08/2012


La campaña electoral en los Estados Unidos está a punto de ingresar en su etapa más activa. A poco más de tres meses de la fecha fijada para las elecciones presidenciales, las encuestas sobre intención de voto no arrojan respuestas muy claras sobre el posible resultado de las mismas. Al parecer no estuvieron alejados de la verdad algunos comentaristas que, como Sebastián Royo de la publicación electrónica Huffington Post,  anunciaban hace poco tiempo atrás que esta será una “elección muy reñida”.

En el sondeo diario que realiza la firma Rasmussen publicado el 15 de este mes, el apoyo al presidente Barack Obama llegó al 46 por ciento de los encuestados, mientras que el apoyo al candidato republicano Mitt Romney llegó al 45 por ciento. Un 4 por ciento manifestó no haber decidido aún por quién votar.

Por la misma fecha, una encuesta realizada por la firma Gallup, entre cerca de 3.000 electores, mostró que el Presidente tenía en su favor a un 47 por ciento de los encuestados y el candidato republicado a un 44 por ciento. En contraste, un sondeo del Pew Research Center exhibió el resultado de un 50 por ciento a favor de Barack Obama y un 42 por ciento a favor de Mitt Romney. Asimismo, mostró que los encuestados manifestaron un 46 por ciento de confiabilidad hacia el Presidente y un 42 por ciento hacia el líder republicano.

Por último, los resultados de la más reciente encuesta de la cadena CBS y del diario The New York Times, publicados la semana pasada, exhibieron un mayor apoyo al candidato opositor. Un 47 por ciento de los consultados manifestó estar dispuestos a votar por Mitt Romney y un 46 por ciento por Barack Obama. Para algunos observadores este resultado podría ser atribuido al notorio incremento del índice de desaprobación de la gestión del Presidente. Un 55 por ciento de los encuestados manifestó que desaprueba esta gestión.

Estos datos no muestran una tendencia clara como para pronosticar con menor riesgo de error el desenlace de la contienda electoral de noviembre. Con estas señales de por medio, los dos candidatos empiezan a dirigir su esfuerzo hacia el favor de los indecisos o de aquellos que no integran el denominado “voto duro” o hacia grupos especiales de electores, como los hispanos en caso del candidato demócrata y los judíos en el caso del candidato republicano.

Una gran mayoría de analistas destacan el efecto que, sin duda, tiene la situación económica y, sobre todo, la situación del desempleo, en el ánimo de los electores. “La economía —dice un observador— sigue siendo el gran caballo de batalla”. A su juicio, “la fluctuación de los datos de desempleo y crecimiento van a ser los grandes determinantes”.

Por el momento, estos datos no favorecen al presidente Barack Obama, pues son interpretados por muchos electores como una señal de que su gestión gubernamental no ha encontrado respuestas apropiadas a la crisis económica ni al aumento del desempleo. A la inversa, el candidato republicano parece despertar mayor confianza sobre sus méritos para manejar los asuntos económicos.

En un trabajo del Pew Research Center, divulgado el pasado mes de mayo, se hizo evidente que la economía era una cuestión de alto interés. Un 68 por ciento de los encuestados manifestó que la economía será “muy importante para decidir su voto”. Este porcentaje apareció como notoriamente elevado en relación a los índices de preocupación o interés sobre otros asuntos, como el terrorismo, la inmigración o el medio ambiente.

Si la inquietud que provoca la situación económica puede ser tan determinante como suponen varios analistas, una reciente evidencia complica el empeño de Barack Obama para alcanzar la reelección. La misma, divulgada el pasado fin de semana por el Departamento de Comercio, muestra que el crecimiento de la economía “perdió fuerza en el segundo trimestre” de este año.

En este periodo, el índice de crecimiento del PIB fue del 1,5 por ciento anual, inferior al 2,0 por ciento del primer trimestre y al 4,1 por ciento del último trimestre del 2011. Por otra parte, hasta el mes de junio el índice de desempleo llegaba 9,1 por ciento, sin ninguna señal de descender de modo significativo en el corto plazo.

Es probable que estas tendencias no se modifiquen significativamente en los próximos tres meses y que la economía siga exhibiendo un desempeño insuficiente y el desempleo mantenga sus actuales índices. Por este motivo, los candidatos tendrían que redoblar sus esfuerzos para lograr que los electores perciban que las políticas y medidas que anuncian y las actitudes que dicen que están dispuestos a asumir, serán eficaces para superar la difícil coyuntura. El Presidente tiene la desventaja de que tanto sus políticas como sus actitudes ya han sido probadas.  El candidato republicano tiene la ventaja de que no ha puesto en práctica ninguna política pública y trata de exhibir, como prueba de idoneidad, su experiencia empresarial.

El autor es miembro del Observatorio Político de la Universidad Gabriel René Moreno


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