Ed. Impresa PERCEPCIONES
Realidad y ficción
Por Mario Rueda Peña - Columnista - 14/08/2012
El crecimiento no se da por casualidad. Es resultado de políticas estatales que promuevan el desarrollo nacional con toda clase de estímulos para la inversión privada nativa y foránea
A Bolivia castiga aún la extrema pobreza, cuyos más altos porcentajes se registran en las zonas rurales del altiplano, particularmente en las de La Paz, Oruro y Potosí, como lo puede percibir cualquier viajero que recorra dichas áreas: cruciales carencias en vivienda, educación y salud, en el marco de una economía de subsistencia mínima, basada en la agricultura primaria.
Sobre todo en las principales ciudades del país (Santa Cruz, particularmente) el referido mal se delata en la mendicidad callejera. Mujeres indígenas de zonas del norte potosino son forzadas por sus núcleos familiares a convertirse en limosneras urbanas temporales. No hay investigaciones sobre el tema, así que se ignora si lo que se recauda de tal modo les sirve para cubrir en algo las acrecencias que padecen.
La desocupación agrava también la pobreza en zonas populares de la troncal y subtroncal urbanas del país, registrando los más altos porcentajes en La Paz y El Alto. Castiga también a los barrios populares de Cochabamba, Oruro y Potosí, así como a los de Santa Cruz, Tarija, Trinidad y Cobija. Empuja a no pocos a la economía informal, de tipo ferial y artesanal, actualmente muy atiborrada, circunstancia que obliga a cierto porcentaje a buscar otras opciones de subsistencia, como la del contrabando (alimentos, combustibles, autos, etc.)
Ni siquiera el Inti y la Pachamama, por mucho que le enganchasen el brazo a todos los dioses naturales del universo, podrían operar el milagro de que hasta 2025 la extrema pobreza complete su evanescencia en Bolivia, en medio de guiños placenteros de otras deidades del cielo, como la luna y las estrellas o del silente regocijo de las achachilas (montañas nevadas). Es que para ello el país tendría que crecer en una proporción del 25 por ciento por año, índice descomunal que ningún país del mundo pudo ni podrá alcanzar en estos tiempos de modernidad ajustada a una realidad que descarta ficciones y supersticiones.
Especialistas en la materia, como los del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) consideran Bolivia superará la extrema pobreza sólo si durante un cuarto de siglo, a partir de ahora, crece a un ritmo del 10 por ciento anual, en el marco de un sostenido y cada vez mas amplio proceso de generación de empleo e incremento de los ingresos de la gente. De esa que hoy yace poco menos que en el subsuelo de la pirámide social del país.
El crecimiento no se da por casualidad. Es resultado de políticas estatales que promuevan el desarrollo nacional con toda clase de estímulos para la inversión privada nativa y foránea, a fin de que ambas produzcan más, en una proyección de diversificación industrial. Sólo de esta manera, nuestras exportaciones nos garantizarán un buen excedente social para aplicar en programas de erradicación de la pobreza media y extrema.
El autor es periodista
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