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¿Sólo queremos divertirnos?
Por Mónica Briançon Messinger - Columnista - 14/08/2012
No digo que tengamos caras tristes y preocupadas permanentemente, pero tampoco podemos obviar lo que es evidente: hay violencia y está creciendo. Por ello se hace necesario crear una tarea conjunta de protección ciudadana, ante los embates de la delincuencia callejera
Al parecer nuestro tiempo está dividido entre comer, dormir y divertirnos. Algo que no es malo en sí mismo, pero cuando una de las tres patas existenciales del buen cochabambino crece desmedidamente, y me refiero a la pata divertida, a punto de llegar a una elefantiasis galopante, hay algo que está mal.
Por supuesto no discuto el derecho natural que tenemos a distraernos, y a emitir una carcajada ante cualquier evento chusco que acontezca, pero de ahí a seguir, paso a paso, la cantidad de diatribas que se dijeron entre opositores y oficialistas, al grado de hacer del pasado evento semanal un argumento digno de las más superficiales telenovelas, me da la sensación de que tenemos enfocada la mirada en un punto muy bajo de la historia política del país.
Quizás los únicos que tuvieron el real derecho a festejar y divertirse fueron los cinco atletas bolivianos que fueron a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y entre ellos Claudia Balderrama, quien pudo enarbolar la tricolor en la clausura de los llamados felices y gloriosos juegos, a pesar de no contar con un decidido apoyo gubernamental.
El resto de la población no tuvo a más que seguir una incontable cantidad de minutos televisivos dedicados a confrontar a los bandos políticos que han puesto en tela de juicio la posible paternidad del primer hombre del Estado, con una menor de edad.
Al margen de las discusiones suscitadas en torno a este tema, llama poderosamente la atención que nuestra búsqueda de diversión se centre en los políticos, en lo que visten, comen y dicen, cuando hay temas más acuciantes que merecen nuestra atención, entre ellos la tremenda falta de seguridad ciudadana y los posibles desastres ambientales a los que nos enfrentaremos de aquí a poco.
Un colega mío, periodista de este medio, señala que los receptores, entre ellos Ud. amable lector, acuden a los medios masivos de comunicación sólo para divertirse y no para analizar, ni siquiera para informarse, puesto que al final de cuentas, le ponen más atención al tipo que más insultos dice o al fulano que los replica en tono romántico melancólico, apelando a la biología humana.
¿En serio nos importa tan poco que a la pareja de esos vecinos queridos les hayan propinado una serie de balazos, asesinándolos, o que al hijo del joven del frente lo hayan secuestrado, así sea por pocas horas? ¿Deseamos llegar, como advierte un anuncio publicitario, de una empresa de seguridad local, a los niveles catastróficos de inseguridad ciudadana que se vive en los países vecinos?
¿Desde cuándo a los cochabambinos y a quienes se vinieron de otras latitudes para vivir en este árido valle – valga la contradicción– les importa tan poco lo que acontece en las calles?
No podemos ser tan ingenuos para creer que esos hechos violentos sólo le pasan al otro, ni podemos ser tan panchos como para sentarnos de brazos cruzados, creyendo que la mala suerte sólo le toca a los demás y nunca a nosotros mismos.
De momento más valdría dejar la telenovela política boliviana, bajarle el rating de audiencia a quienes se aprovechan de sus cargos públicos y políticos, ponerlos en el congelador y dedicarnos a nosotros mismos, a velar por lo que nos toca y a exigir que se cumpla con todo lo que nos ofrecieron hace tanto tiempo.
No digo que tengamos caras tristes y preocupadas permanentemente, pero tampoco podemos obviar lo que es evidente: hay violencia y está creciendo. Por ello se hace necesario crear una tarea conjunta de protección ciudadana, ante los embates de la delincuencia callejera que sólo está comenzando a aparecer, y de la cual sólo hemos visto una punta, que a manera de un iceberg, oculta lo peor bajo su superficie. Ojalá que mañana o pasado mañana, no nos enfrentemos a una pistola y lamentemos el haber pasado nuestras horas viendo como se ensañan los unos con los otros en lugar de haber trazado un decente plan de resguardo urbano.
La autora es comunicadora social
monica_briancon@bolivia.com
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