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Ed. Impresa LA LUZ Y EL TÚNEL

Assange en las brasas

Por Róger Cortés Hurtado - Periodista Invitado - 19/08/2012


El inglés es lengua oficial de 30 países, que suman una población próxima a los 2.000 millones de habitantes, es decir un poco menos de un tercio de la de todo el mundo; cuatro de esos países (EEUU, Canadá, India y Australia) suman una superficie de 31 millones de kilómetros cuadrados (frente a los 26 millones que tienen Rusia y China juntas).

Estas cifras permiten atisbar el poder que alguna vez tuvo el imperio británico y darse una idea de la influencia que mantiene y aún proyecta Inglaterra (51 millones de habitantes y 245.000 kilómetros cuadrados de superficie) todo lo cual debe tenerse en mente para entender la amenaza que ha lanzado de allanar la Embajada ecuatoriana en Londres —haciendo prevalecer una ley suya por encima de convenios y prácticas del derecho internacional— y sacar a Julian Assange, “de las mechas” (dicho gráficamente, en lenguaje boliviano), empaquetarlo y despacharlo con rumbo a Estocolmo. Allá lo espera una causa por agresiones sexuales, que se inició de una manera completamente accidentada, con acusaciones y retractaciones de la fiscal y de nuevo acusaciones, que le dieron tiempo al fundador de WikiLeaks de escabullirse a Londres.

Assange supuso que en la pequeña pero poderosísima isla tendría alguna chance de escabullirse de la furiosa persecución a la que lo somete Estados Unidos, desde que dio a conocer documentos confidenciales de ese país. Sin embargo, subestimó el hecho de que aun cuando la justicia inglesa goza de un importante prestigio por su ecuanimidad, la cooperación y dependencia que Gran Bretaña y Europa mantienen frente a la primera potencia mundial están por encima de cualquier otra consideración. El león imperial inglés ya no ruge como antes (excepto cuando hace prevalecer su fuerza en Malvinas, o ahora cuando busca intimidar a Ecuador) y las consideraciones institucionales son en estos casos tan subalternas, como en cualquiera de los países, “subdesarrollados”, a los cuales EEUU y Gran Bretaña suelen dar lecciones de modales democráticos.

La tormenta mediática que se ha desatado en las últimas horas para dar cuenta del asilo que le ha otorgado Ecuador al prófugo australiano, en su sede diplomática en Londres, y las amenazas vertidas por el canciller británico nos traen todo tipo de versiones y explicaciones, desde las que brinda el Gobierno sueco afirmando que “en ningún caso entregaría a Assange a EEUU”, donde corre el riesgo de enfrentar cadena perpetua o pena de muerte, hasta las que presenta el nuestro, tratando de explicar las diferencias de su posición con la inglesa, al haberse comprometido a no otorgar salvoconducto a un opositor, acusado de cometer delitos comunes, que ha buscado refugio en la sede de la Embajada de Brasil en nuestro país.

 

El autor es docente universitario 


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