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A 50 años de una tragedia

Por Carlos Vicente Revollo Herbas - Periodista Invitado - 22/08/2012


Momentos de conmovedora emotividad se vivieron en la mañana del último lunes en el aeropuerto “Jorge Wilstermann” de Cochabamba, al evocarse la memoria de los excelentes pilotos del Lloyd Aéreo Boliviano, capitanes Gustavo Torrico Cossío, Luis Uriona Torrico, Gerardo Zalles Salvatierra y Henry Skeet Morales, que murieron trágicamente, hace 50 años, el 20 de agosto de 1962, al accidentarse un avión C-47 de esa empresa, momentos después de despegar de la pista. El único sobreviviente de ese hecho luctuoso fue el capitán Jorge Gandarillas.

La celebración de una solemne misa a cargo de monseñor René Fernández y la colocación de una placa conmemorativa en el mismo aeropuerto, fueron los actos centrales de esa evocación, que además dio lugar al emocionado reencuentro de familiares de los fallecidos en aquella tragedia y de quienes fueron ejecutivos, tripulantes de comando y de cabina, azafatas e integrantes de diferentes estamentos del LAB, así como de las damas de la Asociación de Esposas de Pilotos Civiles.

Inicialmente Gustavo Torrico, hijo de uno de los pilotos fallecidos, dijo que además querían rendir homenaje a “los pioneros de la aviación de este país, que con su visión y esfuerzo abrieron los cielos de Bolivia al mundo, acercando a los pueblos, y que emulando al cóndor nos enseñaron a volar”. Igualmente hizo extensivo ese homenaje a “todos los hombres que hoy surcan los cielos y continúan la historia de los pioneros de la aviación.”

Después de la eucaristía, representando a los tripulantes de comando del LAB y a todos sus compañeros de esa empresa, Donald Borth dijo que fue un impacto tremendo la muerte de esos cuatro pilotos “en la plenitud de sus vidas, ya que eran una promesa por los atributos que tenía cada uno de ellos, la calidad personal, profesional y humana que siempre demostraron en su actividad diaria”. Añadió que su recuerdo en “sus familiares, esposas, hijos, nietos y amigos, se mantiene latente todo el tiempo”. También destacó que la placa conmemorativa con sus nombres “será un recuerdo de todos los compañeros de vuelo que brindaron sus vidas para cumplir con sus funciones de Caballeros del Aire”.

Por su parte, Carola Uriona Ballivián, hija mayor del capitán Luis Uriona, expresó que “así como no podemos olvidar aquel triste suceso, tampoco debemos olvidar a nuestros dignos pilotos que iniciaron e impulsaron, a través de la gran empresa, Lloyd Aéreo Boliviano, el desarrollo de la aviación civil nacional”. Hondamente conmovida recordó que aquella mañana del 20 de agosto de 1962 estaban desayunando en su casa con su madre, Gloria Ballivián, cuando a través de una llamada telefónica de la Gerencia del LAB se enteraron de la trágica noticia. “Jamás olvidaré los gritos desesperados de mi madre, que en un instante, a sus 25 años, quedaba viuda con tres pequeños hijos”, exclamó.

En otra parte de su intervención, Carola Uriona expresó: “Con profundo cariño y admiración hemos organizado este acto para rendir homenaje no sólo a nuestros padres, sino también a todos los pilotos del presente y del pasado del Lloyd Aéreo Boliviano”. Al concluir, manifestó: “No debemos perder la esperanza de ver nuevamente las alas de nuestro querido Lloyd Aéreo Boliviano en los cielos. Éste tiene que ser nuestro propósito”.

Previamente Gustavo Torrico, quien reside en Buenos Aires, dijo que al llegar al aeropuerto de Cochabamba vio con mucha pena a los aviones del LAB arrinconados a un lado como si fueran material desechable.

Esas expresiones, tanto de Carola Uriona como de Gustavo Torrico, acrecentaron en todos los presentes el ferviente anhelo de que las alas del LAB vuelvan a surcar raudamente los cielos de Bolivia, de América y del mundo.

El autor es periodista


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