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La estrategia electoral de Irán

Por Marcelo Laura G. - Columnista - 13/09/2012


WASHINGTON, DC — Las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán han vuelto a chocar contra un muro, pero al Dirigente Supremo del país, Ayatolá Ali Jamenei, no parece preocuparle. De hecho, parece convencido de que ni los Estados Unidos ni Israel atacarán sus instalaciones nucleares… al menos no antes de las elecciones presidenciales de EEUU, que se celebrarán en  noviembre.

Resulta irónico que, aunque Jamenei no es un entusiasta de la democracia, cuente con que sus principales enemigos están atados por obligaciones democráticas. Jamenei controla el programa nuclear de Irán y su política exterior, pero EEUU e Israel deben procurar alcanzar el consenso no sólo dentro de sus sistemas políticos respectivos, sino también entre ellos.

Los dirigentes de Irán, que siguen estrechamente los debates políticos israelíes, creen que Israel no lanzaría un ataque contra sus instalaciones nucleares sin la plena cooperación de Estados Unidos, porque una acción unilateral pondría en peligro las relaciones de Israel con su más importante aliado estratégico. Como una ofensiva israelí tendría que estar coordinada con EEUU, mientras que un ataque americano no necesitaría el apoyo militar israelí, Irán consideraría americanos los dos ataques.

Pero los dirigentes de Irán siguen mostrándose escépticos ante esas dos hipótesis, pese a la posición oficial estadounidense de que “todas las opciones están sobre la mesa” a fin de impedir que el Irán desarrolle su capacidad para disponer de armas nucleares. Hasta ahora, no sienten, sencillamente, una presión suficiente para pensar en la posibilidad de llegar a una avenencia. En realidad, los dirigentes de Irán siguen burlándose de Israel desde lejos, llamándolo un “insulto a la Humanidad” o un “tumor” en la región que se debe erradicar.

Entretanto, los ciudadanos de Irán, incluido el clero de la ciudad santa de Qom, cercana a la instalación nuclear de Fordow, están profundamente preocupados por las consecuencias de un ataque. El Ayatolá Yousef Sanei, exfiscal general y autoridad religiosa (marja’), ha pedido al Gobierno que se abstenga de provocar a Israel.

De hecho, los críticos del Gobierno creen que su retórica incendiaria podría propiciar una guerra devastadora, pero, desde la perspectiva de la dirección de Irán, las pullas tienen un valor táctico en la medida en que refuerzan la opinión entre el público israelí de que Irán es un enemigo peligroso, dispuesto a lanzar represalias feroces.

En realidad, la retórica antiisraelí refleja el convencimiento de los dirigentes iraníes de que Israel no atacará, opinión reforzada por la situación de Siria. Están convencidos de que, aun cuando el régimen del presidente de Siria, Bachar al Asad, caiga, Irán podrá desestabilizar el país de un modo que representará una gran amenaza para la seguridad de Israel. Según esa opinión, es Israel quien tiene interés en abstenerse de granjearse la hostilidad de Irán y no viceversa.

Editoriales recientes de Kayhan, el intransigente periódico iraní que hace de portavoz del Dirigente Supremo, indican que Jamenei espera con impaciencia las elecciones presidenciales de EEUU. Independientemente del resultado, no prevé la amenaza de una acción militar, al menos hasta el próximo año. Una victoria de Obama fortalecería la renuencia de Estados Unidos a atacar a Irán y nuevas gestiones para poner freno a Israel y, si es elegido el opositor republicano, Mitt Romney, necesitará meses para constituir su equipo nacional de seguridad y su gabinete, con lo que no estará en condiciones de atacar a Irán inmediatamente.

Ahora bien, desde la aparición de la República Islámica en 1979, los dirigentes de Irán han preferido generalmente a presidentes republicanos y no a demócratas: pese a su dura retórica, los republicanos han estado más dispuestos a mantener conversaciones con Irán en la práctica. De hecho, en vista de que Irán ha sobrevivido hasta ahora a unas sanciones internacionales severas, sus dirigentes creen que podrían recibir una oferta de EEUU después de la elección —en particular, si vence Romney— que reconozca su derecho a enriquecer uranio.

En realidad, no es nada seguro que Irán pueda soportar indefinidamente las presiones relacionadas con las sanciones actuales, pero el convencimiento de sus dirigentes de que así será sigue siendo un elemento decisivo de su estrategia y Occidente no puede permitirse el lujo de pasar por alto esas impresiones. Los Estados Unidos, ya estén dirigidos por Obama o por Romney, deben entender que Irán no negociará en serio sobre su programa nuclear hasta que advierta un consenso claro, convincente y unificado en EEUU y en Israel sobre un planteamiento que aborde tanto las ambiciones de Irán como las preocupaciones de Israel.

La de lograr dicho consenso en el marco de unas elecciones presidenciales americanas no será una hazaña menor, como tampoco la de lograr un consenso en Israel, en particular cuando sus partidos políticos se preparan para las elecciones del año próximo, pero sólo con una cohesión mucho mayor dentro de EEUU y de Israel empezarán siquiera a pensar en la posibilidad de aceptar una avenencia sobre su programa nuclear.

 

 

El autor es investigador superior del Instituto sobre Política del Oriente Próximo, de Washington

© Project Syndicate y LOS TIEMPOS 1995–2012


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