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Primeras lecturas

Por Ramón Rocha Monroy - Columnista - 13/09/2012


Se me ha hecho hábito consultar la prensa argentina por Internet y apreciar la agilidad mental de sus titulares, que remueven una visión del mundo adormecida en nuestro subconsciente. ¿De dónde viene? De nuestras primeras lecturas en D’Artagnan, Intervalo, El Tony, Billiken, Rico Tipo, El Gráfico y de las ediciones de literatura universal que leímos por primera (y a veces única vez) en los libros de Editorial TOR, Claridad (nuestra iniciadora en el marxismo), Billiken y Sopena, en traducciones que los entendidos juzgan malas, pero algo tendrían de bueno porque nos marcaron.

Hace unos días me topé con un elogio al fundador de Editorial TOR (Página 12) tan sólo para confirmar mis recuerdos. TOR fue fundada en 1916 y se cerró en 1971, siempre con portadas de fondo amarillo y pinturas de un dramatismo de novela policial. Gracias a TOR nos familiarizamos con Dostoievski, Dumas, Rice Borroughs (el padre de Tarzán) y Salgari (el padre de Sandokan), en un mundo ficticio poblado de piratas, detectives, cowboys, hombres de la selva, espadas y tigres y sobre todo crímenes. TOR fue fundada en Buenos Aires por el catalán Juan Carlos Torrendell y atrajo la atención de famosos escritores como Horacio Quiroga, Borges y Bioy Casares.

El periodista argentino Juan Pablo Bertazza lo califica como el más diabólico emprendimiento editorial argentino, pero hoy sólo se consigue libros viejos arrumbados en los rincones más oscuros de las bibliotecas, donde se acurrucan Stefan Zweig, Waldo Frank, José Ingenieros y otros escritores olvidados.

El hombre detrás de la hazaña se llamaba Juan Carlos Torrendell, cuyo apellido fue nombre de la editorial, pero como los distribuidores no se acordaban del apellido catalán lo sintetizaron en TOR, y así quedó. TOR compraba libros por kilo para hallar uno que otro tesoro que publicaba; “gemas extraídas de los basurales, editorial omnívora y casa familiar que intentó publicar el universo en toda su dimensiones”, según la gráfica expresión de Bertazza. En total, 10.000 títulos en 55 años de vida y 2.000 revistas con tirajes gigantes, incluso para esta época.

Los textos de TOR, como los de Sopena, eran a dos columnas, de lectura fácil y de papel sábana liso o rugoso, este último tan grato al oído cuando se usa un lápiz para subrayar la frase feliz o la expresión oportuna, un aporte a la cultura argentina que traspasó sus fronteras y se difundió en varios países del continente, entre ellos Bolivia. 

TOR tuvo que esperar 14 años para adquirir una rotativa en la cual desarrolló su edad de oro hasta 1959, un período de 30 años en los cuales publicó uno y hasta dos libros por día, integrados a varias colecciones famosas. Torrendell era el genio de la oportunidad, pues la serie de Tarzán siguió al estreno de la película protagonizada por Johnny Weismuller, incluidos algunos textos apócrifos no escritos por Edgar Rice Burroughs. Del mismo modo aprovechó a los traductores, pues los convocaba y les pedía como prueba la entrega de uno o dos capítulos vertidos al español; luego no los contrataba pero tenía la traducción completa. TOR fue también pionera en la publicación de libros de autoayuda escritos por Orison Swett Marden. La rotativa exigía tirajes de por lo menos 5.000 ejemplares y eso abarataba los precios unitarios; dos atributos que le permitieron exportar libros en un 70 por ciento de su tiraje a los países de América Latina excepto Cuba y Brasil. Después de 1959 se produjo el descenso provocado en principio por la muerte del editor Juan Carlos Torrendell (1895-1961), el ascenso de su hijo Jorge como director y la limitación de la editorial a reediciones de libros famosos. Estos detalles figuran en “Los libros de Tor”, de Carlos Abraham Editorial Tren en movimiento. 

 

El autor es cronista de la ciudad


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