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Regalo de Bodas

Por Juan José Anaya Giorgis - Columnista - 13/09/2012


La llamaron el acontecimiento farandulero del año pero a mi me parece mejor definirla como la broma más pesada elucubrada por un estadista desde los tiempos de Melgarejo. Por supuesto me refiero a la boda entre Álvaro y la encantadora comunicadora de TV. Desde que el matrimonio fue anunciado hace varios meses con el candor de la informalidad, la pareja cantó como las aves los preparativos de la ceremonia hasta sus mínimos detalles casi a diario, despertando intensas controversias triviales las más de las veces.

Los sectores sociales intermedios ya desencantados con el proceso de cambio reaccionaron furiosos frente al despliegue sórdido del acontecimiento por todos los medios comunicativos volviendo a la pareja blanco de una lluvia copiosa de flechas ponzoñosas que aún no arrecia. Intentando agrupar a las flechas de acuerdo a la afinidad de los venenos tendríamos como resultado aproximado las siguientes clases típicas: primero; como ninguno de los dos puede jactarse de ser originario en verdad, la celebración de su unión en el templo de Kalasasaya mediante una ceremonia ancestral no es más que un gesto hipócrita para seducir votos indígenas, ergo, ambos son farsantes e impostores. Segundo; es una vergüenza que una autoridad de un país pobre como el nuestro utilice recursos públicos para la realización de fines personales aunque solo haya inflado las cuentas telefónicas de la vicepresidencia con los preparativos de la boda. Tercero y final; Álvaro se ha convertido en un Dalai Lama sin rueda de oración luego de incurrir en las frivolidades que dan sentido a la vida de los grandes magnates imperialistas, la nobleza europea o las estrellas de Hollywood, siendo el resultado la caída de su discurso izquierdista en saco roto.

Sin embargo, una mente política sagaz y fría como la de Álvaro acaso sólo superada en sus cualidades siniestras por la de Paz Estenssoro ya tenía preparada una burla como antídoto para cada variante venenosa haciendo quedar en ridículo una vez más a la oposición y la clase media iracunda. Ensayemos respuestas hipotéticas. Primero; sólo una clase media cavernaria como la boliviana o derecha racista son capaces de imponer al individuo una relación causal determinante sobre su identidad a partir de sus rasgos fenotípicos y clase social (en sentido marxista). Segundo; financiamos el matrimonio con nuestros ahorritos. Tercero y final; sí, hice de mi boda el disparate más trivial con ayuda de curas y yatiris rifando con el show algunas cuentas de mi rueda de oración… pero el pueblo está contento y eso es lo que importa. Nuevamente la casa gana.

Pero hay algo que extrañamente parece haber escapado a los cálculos de Álvaro. ¿Qué puede nacer de una unión sellada por dos instituciones religiosas en combate desde hace más de 500 años al margen de la consagración del cholo y el mestizo como referente cultural dominante del occidente boliviano? El poncho rojo García Linera ha dejado de existir, o mejor dicho, transmutó a nuevo espíritu ¿Quién vive ahora? El cholo Álvaro ¡que vida el cholo García Linera!

Y como las palabras pierden su poder de impresionar ante un acontecimiento pasional tan emotivo como esta boda; que como el nacimiento del primer hijo concebido por una sabina y uno de los troyanos de Eneas significó el nacimiento de Roma cuya cultura fue síntesis de ambas sin ser ya ni una ni otra, significa la aceptación del ser cholo sin vergüenza o no tener vergüenza por ser cholo. ¡Felicidades pues para los dos! Con ustedes estuvo el cholo Juan.

 

El autor es economista  |  llamadecristal@hotmail.com


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