Ed. Impresa PUNTOS DE VISTA
Cyberwar
Por Bernardo Ellefsen - Periodista Invitado - 16/09/2012
Según el influyente periódico New York Times, en los últimos años se ha librado una guerra cibernética. No una de esas guerras de conseguir información secreta o desinformar, sino una de destrucción de potenciales militares, con estallidos y todo. Algo tan importante debía haber sido conocido, pero parece que la noticia fue acallada sistemáticamente. El lector debe considerar que son muchos los intereses de los países para secundar la seguridad de Estados Unidos. Daré un ejemplo. El australiano creador de Wikileaks se queja de que no lo defiende su propio país, Australia; empero no considera que sus paisanos hallan que un ataque a la seguridad americana es como si fuera contra ellos mismos. Vayamos al caso del periódico ABC de Madrid; tras el atentado de Alqaeda a la estación de Atocha, también identifican sus intereses con la seguridad que les pueda proporcionar el sistema americano. Entonces surge la pregunta: ¿por qué la indiscreción del New York Times? No sé; sólo sé que el mundo es un poquito loco, porque lo administra la especie Mono sapiens. Naturalmente, la noticia podría ser falsa, pero en ese caso sería propaganda y parece que no lo es.
Como todos sabemos, Irán está en pos de transformar uranio para poder construir bombas atómicas. Y también sabemos que ya van varios años que israelíes y americanos hablan de destruir las plantas procesadoras iraníes. Pero según la información del New York Times, lo principal de estas plantas ha sido destruido en el año 2010; esto es lo que publicó ese periódico el 1 de junio de 2012 y doy la fecha porque todo está en Internet.
La clave de esta guerra cibernética ha sido un agente al servicio de los israelíes trabajando en el programa nuclear iraní. Le proporcionaron un USB programado sofisticadamente, que el agente conectó a la computadora que manejaba las miles de centrifugadoras instaladas subterráneamente en Natanz, en Irán. Con eso obtuvo en su USB el programa de funcionamiento de la planta de Natanz. Obtenido esto, americanos e israelíes crearon un programa especial para enfermar reguladamente el funcionamiento de toda esa instalación. Luego el agente procedió a conectar su USB conteniendo el sofisticado nuevo virus al cerebro cibernético de Natanz. Eso fue en el año 2010.
La planta de Natanz siguió funcionando, pero el virus implantado enfermó caprichosamente las cosas, como si el programa nuclear estuviese afectado por cálculos erróneos. Todo marchó como se programó hasta que en ese mismo año ocurrió lo inesperado: en Natanz un físico iraní sacó datos de la computadora con su USB, luego los pasó a su computadora y en algún momento con la misma máquina usó Internet. El virus, que había pasado de su USB a la computadora, se propagó por Internet, navegando como debe hacerlo un virus, de un lado para otro. Los especialistas que espían en Internet detectaron el extraño virus y lo denominaron Stuxnet. Con eso se rompió el secreto, al menos para el mundo del espionaje y obviamente los iraníes lo iban a saber en muy poco tiempo. Así que el agente secreto en Natanz puso de vuelta un USB que dio al sistema la instrucción que destruyó miles de centrifugadoras. Lamentablemente, no se nos cuenta si explotaron, se derritieron o cómo fue.
El autor es escritor
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