Ed. Impresa Cultura de paz
Wilfredo Camacho
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 18/09/2012
Hay una cierta pasión en ciertos hombres cuando se fijan en el pormenor de las pérdidas culturales, y, de pronto, se plantean una especie de renacimiento de la memoria en aras de evitar mayores angustias a la identidad personal y colectiva. “Allin p’unchay tukuy qankunapaj” : que tengan un buen día y un buen estar en este lugar”, dice y traduce el profesor Wilfredo Camacho al iniciar una conversación, quien estudió filosofía en la UCB, y de inmediato asumió su vida como una honorable travesía por las raíces de los ancestros.
“Soy quechua –dice-- Noqa parlani qhechwata y noqa anchata kusikuni maymanta noqa jamuni: me siento quechua y me siento orgulloso de donde he venido. Ser quechua implica ese hombre llank’ador; el hombre realmente con visos de trabajo, de mucha vocación, de servicio a nuestros hermanos y con una lengua exquisita como el quechua, cariñoso y misk’i (dulce)”, expresa sin menoscabo de las otras identidades culturales de Bolivia.
No plantea abstracciones teóricas, Wilfredo Camacho, ha promovido en cambio dos jornadas culturales en Cochabamba de gran valor por sus efectos específicos: la Ñawpa Manka Mikhuna (Comida de Nuestros Abuelos); y, la Wallunk’a y el Mast’aku, que según lo que sabe serían las fiestas del enamoramiento, de la vida y de la muerte, espacios culturales donde los ciudadanos recuperan la memoria y disfrutan de los placeres del paladar y la fiesta.
Considera que las humanidades ancestrales a causa de su alimentación eran propensos a una vida más convivial. Y distingue que vamos perdiendo la memoria de lo que un día fuimos.
“Hay rasgos duros de racismo, de discriminación en la sociedad cochabambina sabiendo que estamos en un Estado Plurinacional donde hay factores de inclusión, pero no los estamos poniendo en práctica. En las universidades, en los centros educativos hay rasgos de discriminación que se están dando. Pero eso es porque realmente no ha habido un plan de dinamización pedagógica y cultural para revertir estos elementos de discriminación y de fobias”, enfatiza el profesor Camacho.
Sin duda, en los espacios de mayores desafíos para la socialización, el tema de las formas de violencia se presentarán de manera descarnada.
Por tanto, no duda ni un instante en la urgencia de construir la Cultura de Paz:
“Es imperativo en la hora actual promover la Cultura de Paz. Primeramente en nuestras familias. Conociendo cuál era la Cultura de Paz de nuestros abuelos. Que haya un diálogo de la paz, un diálogo intercultural. Vamos a entrar a un nuevo sistema educativo llamado Avelino Siñani y Elizardo Pérez, entonces debería haber una malla curricular para promover la Cultura de Paz. Desde el pre kínder, la primaria, la secundaria. Hacer de la cultura de paz una filosofía de vida”.
Es evidente que en el fondo de esta preocupación, permanece el hecho de que la Cultura de Paz, debe fortalecer un diálogo intercultural en aras de recuperar la memoria, e iluminar, explicar y alentar el presente.
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