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La perdiz mareada

Por Róger Cortés Hurtado - 1/10/2012


Los minutos y energías que derrochamos en hacerles coro a los propagandistas del poder, los perdemos en nuestros esfuerzos contra los impunes

La cantidad de espacio y palabras que se le ha dedicado a la sucesión presidencial, por los días que los dos principales representantes gubernamentales se encontraban ausentes, es tan absurdamente excesiva e inútil que pone un gigantesco signo de interrogación sobre la manera en que se conduce a la opinión pública del país.

El enorme barullo armado tuvo como principal favorecido al bando gobiernista, porque contribuyó a desviar, o cuando menos dispersar, la atención de cuestiones como el cumplimiento del primer aniversario de la alevosa y cobarde represión policial contra los marchistas indígenas en las proximidades de Yucumo y la tortuosa evolución del conflicto entre asalariados y cooperativistas de la minería.

Si aquellos que encendieron las alarmas sobre la lesión constitucional que denuncian por la entrega del bastón de mando a una senadora que preside este año la Cámara Alta, creen haberle estropeado la fiesta que prepararon los publicistas del palacio quemado, quienes lanzaron petardos por la “primera” (o segunda) presidencia femenina, han hecho exactamente lo contrario y han ayudado a una estrategia de comunicación distractiva y embrutecedora.

Claro que nuestro público puede masticar un menú noticioso todavía más pesado que el que han puesto en nuestras mesas los medios masivos gobiernistas y todos los demás, el punto no está allá, sino en la capacidad y claridad de periodistas, cuadros políticos, dueños de medios y los que en general tienen medios para influir en la definición de la agenda informativa.

La impunidad de Chaparina, consolidada para el poder, según se ha visto en la entrevista televisiva mundial del Presidente boliviano, merece una denuncia continua e incansable, porque si se salen con la suya quienes, con el mayor cinismo, quieren echar el cadáver sobre los hombros de algún oscuro policía, tendrán mayor fuerza y oportunidades de seguir empujando un modelo capitalista salvaje y depredador que arrasa la naturaleza y destruye pueblos y con su plan de una contrarreforma agraria que recorte y asole los territorios indígenas.

Los minutos y energías que derrochamos en hacerles coro a los propagandistas del poder, los perdemos en nuestros esfuerzos contra los impunes y los que nos exige examinar y esclarecer las salidas que necesitamos para evitar nuevos Huanuni, mayores derroches de nuestros riquezas naturales y abusos contra nuestros trabajadores, sea que se vistan de asalariados del patrón estatal o semi esclavos de los prósperos empresarios que usan astutamente el mismo nombre que sus víctimas.

El autor es docente universitario


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