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El alcalde galponero

Por Julio Carrasco Galván - 3/10/2012


“El municipio de la ciudad de Salta (Argentina) enfrenta, desde hace muchos años, una guerra tenaz contra los propietarios galponeros que destruyen sus viviendas con el fin de levantar en su lugar tinglados para estacionamientos, depósitos, supermercados o garajes,” palabras del Director Provincial de Patrimonio Histórico, arquitecto Mario Lazarovich,

Conteniendo a los galponeros, los intendentes (alcaldes) salteños están conservando la entrañable imagen turística de “Salta la linda”, muy parecida a la ciudad de Cochabamba. Así salvaron de la demolición de inmuebles de valor metafísico, como la Casa de Martín Güemes, la Casa del “Cuchi” Leguizamón y la Casa del General Lavalle, que ahora son museos históricos.

A diferencia de Salta, la ciudad de Tarija parece el mundo del revés. Allá no son los particulares los que destruyen el patrimonio histórico y saturan con tinglados a la Capital de la Sonrisa. En Tarija es el burgomaestre en persona quien comanda un increíble vandalismo institucionalizado. Veamos unos botones de muestra:

Al costado de la Catedral Metropolitana que edificaron hace 300 años los misioneros de la Compañía de Jesús, en el mero patio del colegio que lleva el nombre de uno de los primeros santos de la orden, Luis de Gonzaga, la comuna montó, por delante y por detrás, dos descomunales cobertizos (y van dos).

En los jardines del Colegio Manuel Belgrano, obra financiada con las libras esterlinas legadas por el General en su testamento y construida con base en un vanguardista proyecto que ganó un Concurso Nacional de Arquitectura en la República Argentina, el alcalde Óscar Montes plantó, sin abono y poco riego, otro par de paraboloides metálicos (y van cuarenta).

Montes ha manejado la capital chapaca cual si fuera un campamento de zafreros y, sin consultar el parecer de letrados, se limpió con joyas de su deslumbrante pasado, como la central casa donde nació Víctor Paz Estenssoro. Derrumbando “de yapa” el centenario edificio del Banco Nacional (¡y pare de contar!).

Según el estilo minimalista de Montes “los tinglados son baratos, para montarlos no se necesita arquitectos, basta un metalúrgico con su escuadra.” Pero ese argumento no cuadra con el auge, porque a Montes le tocaron 12 años de vacas gordas y edificar construcciones austeras en tiempos de bonanza económica es como fallecer de sed teniendo mucha agua.

En Tarija los recursos municipales mal administrados han generado muchos galpones. Renunciando al diezmo y con el asesoramiento de buenos arquitectos, el alcalde Montes hubiera descubierto que el diseño estéticamente pasable de un tinglado incide muy poco en el costo final de la obra.

El alcalde Óscar Montes es un extraño en el paraíso, quizás esa deficiencia de origen no le permite valorar los costos intangibles del patrimonio que está pulverizando y podría también explicar su falta de sensibilidad por la historia de la ciudad que lo hizo un “Nouveau riche”.

El libro “Las tejas de mi techo” de Bernardo Trigo nos lleva el tiempo en que Salta y Tarija eran ciudades gemelas, con sendos techos de teja colonial. Hoy, los cronistas del siglo XXI ya pueden lamentar el paso del alcalde galponero por la Villa San Bernardo de la Frontera cantando responsos a “las calaminas del gallinero”.

El autor es arquitecto

karrasvan@hotmail.com


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