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Cachín, álgebra y fuego

Por René Antezana Juárez - 9/10/2012


Hace pocos días, en el Centro Patiño de Cochabamba y bajo iniciativa sobresaliente de la Fundación Patiño, se rindió homenaje a Cachín Antezana, por su larga trayectoria y obra de aporte sustantivo a la literatura y a las ciencias sociales de Bolivia.

Valoro la iniciativa de Patiño de poner en primer plano el aporte cultural de vida de personas que, por lo general, lo hicieron de manera silenciosa, casi en el anonimato, humildemente y sin esperar recompensas de ningún tipo. Cachín, así como muchos otros, está entre ellos y ellas; y hoy le tocó tal reconocimiento que no sólo es institucional, sino societal. Cachín es el mayor de la familia Antezana Juárez y dada la distancia de edad, los menores de la familia sólo tuvimos un contacto puntual con él dado que se fue de la casa siendo adolescente. Sin embargo, para cuando ya se fue —eso lo supe muchos años después— los mismos síntomas de un virus casi genético habían penetrado en nuestros espíritus: el cine, el fútbol, la literatura…

Cachín mencionó en el evento —con justeza y humildad creo yo— que toda su obra se la debe a otros, porque sin esos otros, no habría obra: familia, amigos, escritores, lectores, alumnos, discípulos… y él mismo siendo otro gracias a esta cadena/tejido en movimiento. He reflexionado acerca de ello, pero debo señalar que también hubo un Big Bang en la obra de Cachín. Un momento axial de inicio que disparó un dispositivo dormido en su persona del que recién me he enterado —increíblemente— hace unos días, justamente juntando algunas piezas del rompecabezas que es buscar una explicación a tal aporte cultural para el país.

Ese momento inicial tiene que ver con otra pasión que tuvo Cachín desde su adolescencia como lo fue/es la matemática, los sistemas lógicos y abstractos de pensamiento. Fue gracias a la matemática que Cachín llega a estudiar Ingeniería Electrónica en la Argentina —tres años— cuyas bases lógicas le permiten —por ejemplo, algunos años después— ingresar al mundo de Borges, bucear en él, para luego escribir en Lovaina, Bélgica, su ya célebre tesis doctoral titulada —no casualmente— “Álgebra y Fuego”. Y es justamente este título el que, desde mi punto de vista, resume mejor también la obra de Cachín y me clarifica el porqué la misma está felizmente animada por una enfermedad —en cierta medida familiar— que es “fuego”, por las historietas, el fútbol, el cine, la literatura…; pero hay también la otra parte que es sólo suya: el álgebra, ese dispositivo/pasión que al estallar allá en la adolescencia/juventud de Cachín, permite el desarrollo de una personalidad de vanguardia en la cultura boliviana. Esto explica también, de alguna manera, el contenido y la forma con la que se presenta la obra de Cachín a la sociedad ya que, como bien señalaron sus amigos y discípulos, es sí un aporte incuestionable a las Ciencias Sociales y a la Literatura Boliviana porque ordenó/leyó de manera lógica y sistemática lo que estaba desordenado y poco valorado (álgebra); pero también puso sus lecturas a disposición de un público amplio y no-científico ni académico, autores, obras, temas, de manera amigable, accesible y con pasión (fuego).

La velada en Patiño demostró el gran cariño que le tiene Cochabamba y Bolivia toda a una personalidad que contribuyó a visibilizar la gran literatura boliviana en el contexto nacional e internacional, así como aportó y aporta de diversas maneras a las Ciencias Sociales y a la cultura. Es de destacar el documental presentado por la Fundación Patiño que nos presenta un perfil de Cachín donde el álgebra es fuego y viceversa. ¡Felicidades!

El autor es gestor cultural


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