Ed. Impresa SURAZO
Del miedo al miedo
Por Juan José Toro Montoya - 11/10/2012
La democracia cumplió 30 años y, una vez más, los festejos no estuvieron a la altura de la fecha. ¿Será que los bolivianos no le damos valor a la importancia que tiene el periodo en el que estamos viviendo?
Los medios de comunicación social —a los que el Gobierno se empeña en etiquetar como “antidemocráticos”— fueron quienes más insistieron con la importancia de la conmemoración. Apuntaron, con razón, que este es el período más largo de vida democrática en nuestro país y no faltaron los que deploraron que los jóvenes no entiendan su importancia.
Si hacemos números, veremos que todos los que hoy consideramos jóvenes y están en los colegios y universidades ni siquiera habían nacido cuando se recuperó la democracia porque todos son menores de 30 años. Para que ellos entiendan lo que pasó el 10 de octubre de 1982, y el proceso que debió vivir el país antes de llegar a esa fecha, tienen que leer textos de historia, escuchar que alguien les cuente o, mejor aún, reproducir un video sobre el tema.
Yo no viví en carne propia los rigores de las dictaduras porque era apenas un niño en esa etapa oscura, pero el recuerdo más vívido que tengo de ella es el miedo.
En tiempos de la dictadura, los bolivianos vivíamos con miedo, comíamos con miedo y dormíamos con miedo. Si algún conocido desaparecía por más de un día nos cagábamos de miedo porque existía el riesgo de que pudiera haber sido detenido y quizás no lo volveríamos a ver.
Con miedo, con esa sensación ocre en la garganta y la opresión en el pecho, escuchaba murmurar a la gente que Banzer había hecho matar a “Jotajotita” en la Argentina. Como la prensa censurada no informaba sobre el tema, sólo años después supe que se referían al asesinato del expresidente Juan José Tórrez.
La diferencia entre la Bolivia de las dictaduras y la que ya lleva 30 años en democracia es la libertad. Antes había toque de queda y teníamos que guardarnos nuestras opiniones y hoy podemos caminar libremente por las noches y hacer uso de nuestra libertad de expresión. Un momento… ¿dije que podemos caminar libremente por las noches?... ¡No! Hoy tenemos libertad pero no podemos caminar libremente por las noches porque corremos el riesgo de ser asaltados y hasta asesinados por esos mismos jovenzuelos que no tienen idea de la importancia de la democracia.
Debido a los altos índices de inseguridad ciudadana, pasamos del miedo que teníamos a las fuerzas represivas del Gobierno al miedo a los delincuentes que, según datos de la Policía, son mayoritariamente menores de 30 años.
Lo de la libertad de expresión es tema para otro artículo. Baste recordar que, a título de lucha contra la discriminación, hoy se ejecutan en el país prácticas tan represivas como las de las dictaduras: si alguien dice o publica algo que no le gusta al Gobierno, entonces se le mete juicio y luego vienen los abogados a arreglar el asunto legal.
Entonces existe miedo. No será aquella misma sensación ocre en la garganta y la opresión en el pecho que motivaba el miedo a la muerte, pero sí es el temor a ir a la cárcel, ya sea por infringir la famosa ley antirracismo o, si se trata de autoridades no oficialistas, por la imputación de algún fiscal que aplica la ley de autonomías.
Sí. Hoy gozamos de libertad, pero seguimos teniendo miedo. ¿Les parece que esta es una visión demasiado sombría y que opaca la conmemoración de los 30 años? Lo único que puedo decir al respecto es que, sea como fuere, la peor de las democracias sigue siendo preferible a la mejor de las dictaduras.
El autor es Premio Nacional en Historia del Periodismo
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