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Ecos para Arminda Colque

Por Mónica Oblitas Zamora - 21/10/2012


¿Qué sabrá el senador Fidel Surco que le permite gozar de impunidad frente a delitos por lo que otros están en la cárcel? ¿Qué tan fina es la línea con la que definen los funcionarios, y sobre todo las funcionarias del gobierno, lo que es un tema personal para unos y lo que es para otros? 

La ministra de comunicación Amanda Dávila y la senadora masista Rhina Aguirre, en representación de otras mujeres destacadas del MAS como Rebeca Delgado, Nardy Suxo y Gabriela Montaño, han declarado que el conflicto que lleva Fidel Surco con su exesposa Arminda Colque es personal, por lo que el Gobierno y sus funcionarios no van a intervenir al respecto más allá de solidarizarse de boca para fuera con la mujer y quizás mirar con desagrado al mentado senador que, vale recordar, hace tiempo fue atrapado conduciendo en estado de ebriedad un vehículo oficial. Se sabe además de otro incidente que protagonizó Surco, meses después, también en otro vehículo del Estado. ¿Adobes para él como castigo? No. Por el contrario, lo que se construyó a su alrededor fue un contundente muro de silencio que lo protege hasta ahora. 

En 2009, Arminda Colque quedó ciega y mutilada cuando un sobre bomba, dirigido a su esposo Fidel, le reventó en la cara. No pasaron muchos meses después de ese atentado para que el senador la abandonara a ella y a sus dos hijos, a los cuales no ha inscrito en el seguro de salud del que goza (la Caja Petrolera) y a los que ha dejado de pagar la correspondiente pensión familiar desde hace cinco meses, con una deuda hasta ahora de alrededor de Bs 20.000. 

Pero contrariamente a lo que sucedió con Evo Morales y una de las hijas de la ministra Nemesia Achacollo, las mujeres del MAS se han cuidado muy bien de tomar cartas a favor de Arminda Colque, pese a que el delito del senador Surco está comprobado y por ello ya ha sido denunciado ante el Ministerio Público. 

Cuando un político de oposición denunció de forma desatinada e irrespetuosa que el presidente Morales tendría una relación con la hija menor de edad de la ministra Nemesia Achacollo, fruto de lo cual habría nacido una bebé, las ministras y presidentas de la Cámara de Diputados y Senadores no perdieron el tiempo en presentarse ante la prensa para denunciar a Samuel Doria Medina y solidarizarse absolutamente con la ministra Achacollo y con su hija. Lo hicieron de forma tan vehemente que muchas llegamos a creer que esa posición podría repetirse en cuanto una mujer, cualquier mujer, fuera tratada de manera injusta, sobre todo por algún poderoso. Pues no. La defensa al parecer es selectiva. 

No es necesario opinar de la calidad humana de Fidel Surco como esposo y padre, los hechos hablan por sí solos, sino de lo que manda la ley y nada más. Hasta ahora Arminda no ha conseguido que se cumpla para ella, como tampoco ha logrado que su exesposo la proteja a través de su seguro médico de senador, tomando en cuenta la cantidad de curaciones que necesita por sus lesiones fatales. Lo dijo Arminda: “Fidel, yo estoy viviendo lo que tú debías vivir. El sobre estaba dirigido a ti, tú me pediste que lo abra”, pero el senador se hace el sordo sin necesidad de que le haya reventado ninguna bomba. Es más, Surco dijo que supone que el parlamento descuenta de su sueldo la parte de la asistencia familiar, como si el parlamento hubiese sido creado para honrar asuntos familiares que deberían ser una prioridad para Fidel Surco. 

Pero para ser objetiva, no sólo se extrañan los pronunciamientos de las mujeres masistas, sino también los vehementes y radicales manifiestos de los grupos feministas que, por mucho menos, rayan muros y botan pintura. 

Y no. Ésta no es una cuestión de ideologías, nada más errado ni simplista. No es asunto de si el Gobierno es bueno o es malo, si se es de derecha, del centro, de izquierda, de arriba o de abajo, es un tema tan puntual como que el trasgredir la ley es un delito, y que es un crimen olvidarse de los hijos, más si se toma en cuenta que la madre está ciega y prácticamente inválida. 

Para algunos parlamentarios oficialistas, lo que hace Arminda Colque es un “show mediático” para desprestigiar al senador Surco. Particularmente considero que lo que menos debería importarles a los parlamentarios es el prestigio de Surco, que después de los incidentes que protagonizó, ya debería estar por lo menos algo desgastado. Pero somos un país con poca memoria, y además de escasa, selectiva. Olvidamos rápido. Demasiado rápido. Por eso, antes de que otros escándalos callen a Arminda, es necesario exigir a Fidel Surco que cumpla con sus obligaciones como un hombre, y deje de escudarse en un cargo que es pasajero. Y también es imperativo pedir a las féminas poderosas del MAS que no escojan sus causas, porque éstas incluyan ser o no del partido, sino porque es deber del buen gobernante abogar por la justicia. 

 

La autora es periodista  | monioblitas@gmail.com


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