Columnistas

Domingo 19 de mayo del 2013. Actualizado a las 17h30 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa DES-TACADA

Amigos, los de antes

Por Mónica Oblitas Zamora - 1/11/2012


La información es un derecho en democracia. El poder es temporal, los cargos son efímeros, y el mundo da vueltas. Los que hoy cierran puertas pueden estar golpeándolas mañana. Es ridículo tirar piedras cuando la casa es de cristal

Hace varios años, cuando recién comenzaba a ponerse en boga el tema de la “otra Bolivia” y se perfilaba una nueva opción política para transformar la historia oligarca del país, yo trabajaba junto a varios periodistas con quienes en ese entonces forjamos lo que parecía una sólida amistad. Era un tiempo en el que casi todos empezábamos a definir el camino por el que queríamos aportar a la sociedad y al país, y en el que respetábamos nuestras diferencias. Las discusiones se hacían de frente o por teléfono, escuchando al otro y generalmente mirándolo a la cara, así era mucho más fácil saber quién era quién y cuál era su nivel de honestidad y de compromiso.

Aunque nos separaban cuestiones de forma, en el fondo todos queríamos que Bolivia avance, que sea inclusiva, más justa y menos pobre. Recuerdo que bromeábamos mucho sobre quién era de una Bolivia y quién de otra, siguiendo la moda de un discurso que terminó siendo (y es) absolutamente tóxico. El más “blanconcito” era de una Bolivia, el otro, igual de “blanconcito” pero al que le gustaba usar chuspas y aguayos, era de la otra, sin embargo sabíamos que de alguna forma remábamos en el mismo barco.

Extraño mucho esos tiempos, y extraño a esos amigos que hoy han dejado de serlo. Lamento que por temas políticos se hayan roto lazos y afectos, aunque también asumo que por algo sucedió: si una amistad no resiste una diferencia política, quiere decir que no es tal.

Hoy muchos de esos que fueron mis amigos trabajan en el Gobierno y han asumido una postura que, sumada a las ínfulas de los cargos que ostentan, es absurda. Se obligan a pensar que quien no comulga con sus ideales, que quien critica o reniega, es el enemigo: un derechista, paramilitar, oligarca y neoliberal (si es que se acepta la ensalada) que debe “autoexiliarse” de Bolivia por pensar diferente y por decirlo.

Esos amigos de antaño se definen como izquierdistas, aunque no viven ni actúan de acuerdo a su etiqueta (colegios privados, condominios, estudios en el extranjero, chofer), y quieren obligar además a que se reconozca como un mérito absoluto que este es un gobierno indígena (aymarista para más detalle), cuando esa actitud parte de una discriminación que otorga beneficios a unos sobre otros por una cuestión de raza, repitiendo el mismo error que todos los gobiernos anteriores sólo que a la inversa. La misma chola con diferente pollera. Pero no lo reconocen.

Bajo ese discurso, también pretenden que se pasen por alto errores y contradicciones que ponen en entredicho las mismas bases sobre las que quieren sustentar el modelo de este Gobierno, como la defensa a ultranza de unos sobre otros (caso Arminda Colque y Nemesia Achacollo) o la promulgación de una Ley de Derechos de la Madre Tierra firmada con el mismo bolígrafo que la autorización para la construcción de una carretera sobre un área protegida.

El insulto es el peor enemigo de la crítica y es absolutamente cierto que hoy la red se ha convertido en un campo abierto, hay quienes la utilizan para desahogar sentimientos racistas, intolerantes y sin sustento. También es cierto que muchos estamos prestos a criticar al Gobierno, pero que nuestra incapacidad intelectual y moral nos ha llevado a este pantano político donde no existe una sola opción potable que funja de oposición.

Sin embargo, y en el caso puntual del periodismo, eso no autoriza a quienes hoy tienen el poder a amenazar, coartar, dividir y escoger a qué periodistas atienden y a quiénes ponen al hielo por el hecho de que tal o cual piensa diferente o porque pertenece a un medio que “nada que ver con el MAS”.

La información es un derecho en democracia. El poder es temporal, los cargos son efímeros, y el mundo da vueltas. Los que hoy cierran puertas pueden estar golpeándolas mañana. Es ridículo tirar piedras cuando la casa es de cristal.

La autora es periodista

@monicaoblitas


Últimas noticias

En Vídeo