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2013

Por Ramón Rocha Monroy - 3/01/2013


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El futuro no es un destino, el futuro se construye desde hoy, el futuro se construye con fe y trabajo para consolidar una nueva cultura ciudadana que destierre de una vez la corrupción estructural que nos cercó desde los inicios de la república

Este año podría ser muy especial porque es un año electoral. El 2014 habrá elecciones generales y es previsible que ya desde este mes se recarguen las tintas para captar el voto popular.

La inmediatez de las elecciones vela a veces la proximidad del Bicentenario de la república el 2025 y el centenario de la democracia el 2082, plazos que en realidad no son lejanos, sobre todo para la vida de los pueblos.

Frente a esos desafíos, yo diría que vamos bien y que la tendencia no tendría que cambiar en lo económico, pues la demanda de materias primas se va a sostener por el ímpetu de los países asiáticos. Por otra parte, el siglo XXI debería ser el siglo de Sudamérica, de su integración, de la solución de sus pequeños conflictos, que en realidad son artificiales si los miramos desde la óptica de las enormes posibilidades de desarrollo de la sub región siempre que marche unida e integrada. Tenemos un campeón enormísimo en Brasil, uno de los Brics, es decir, los países emergentes de mayor desarrollo y deberíamos considerar que no es lo mismo la Doctrina Monroe que esta nueva perspectiva. América no es para los americanos; en cambio, Sudamérica debería ser para los sudamericanos.

Apoyarse en Brasil puede ser una forma de solucionar nuestro problema marítimo. Hay que insistir en que Brasil precisa llegar al océano Pacífico como Perú y Chile precisan al océano Atlántico, y en nuestra condición de país bisagra entre dos océanos, donde se asientan los países más ricos del planeta. Bolivia es no sólo el corazón de Sudamérica, sino la cintura de esta sub región. No hay distancia más corta entre ambos océanos que la que pasa por nuestro corredor bioceánico; pero al mismo tiempo somos el centro de una red energética en la cual no sólo cuenta el gas boliviano, sino también el gas peruano de Camisea, que debe pasar por nuestro territorio para exportarlo al sur del Brasil y a la Argentina.

Una tesis muy interesante es la construcción de megapuertos en el Pacífico Sur, que reciban el embate del comercio asiático y tengan una administración sudamericana. Es caro construir megapuertos, pero allá está la oportunidad de un mecanismo de integración con Brasil y su banco de desarrollo, que incluya a los países involucrados: Bolivia, Perú y Chile. Con el corredor bioceánico, Bolivia puede negociar el acceso libre a ambos océanos y la coparticipación administrativa en los megapuertos. Estas son muy buenas noticias.

Imaginar las elecciones de 2014 puede ser dificultoso por la carga de enfrentamientos que conlleva un acto electoral; pero poner los ojos en el futuro de Bolivia es un ejercicio de optimismo. ¿Por qué tendríamos que recargar las tintas en lo negativo si las condiciones objetivas de crecimiento para la sub región son tan sólidas? La crisis del neoliberalismo en la sub región tuvo como correlato el ascenso de los movimientos sociales. Los recursos naturales se quedan en la sub región; la calidad de vida es una meta de la sub región; la inversión pública, el auge de la demanda interna, la consolidación de los mercados internos son objetivos claros en la sub región. Las políticas redistributivas del ingreso que compensen la enorme deuda social del neoliberalismo son corrientes en la sub región. Entonces, ¿por qué tendríamos que inquietarnos por nuestro futuro?

Sin embargo, el futuro no es un destino, el futuro se construye desde hoy, el futuro se construye con fe y trabajo para consolidar una nueva cultura ciudadana que destierre de una vez la corrupción estructural que nos cercó desde los inicios de la república. Nuestros primeros gobernantes fueron honestos. Nada le enfurecía más a Sucre que la corrupción, y sin embargo él mismo fue acusado de corrupto por la prensa peruana y por los numerosos oficiales emigrados de nuestro país, que integraron las filas de Gamarra durante la invasión que acabó con su gobierno. Pero, restaurado en los hechos el orden colonial, comenzó el despojo de los indígenas originarios, la consolidación de los latifundios, el reparto del territorio en beneficio de los antiguos realistas. Esa sí fue una corrupción estructural.

El autor es Cronista de la Ciudad

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