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La revolución al ritmo de la trompeta

Por Guido R. Peredo Montano - 3/01/2013


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¡Hemos perdido la vergüenza! Así debía titular esta nota, pues este mar de corrupción que genera empute social se da por la falta de transparencia en el manejo de la cosa estatal, por un gobierno que, supuestamente, sería el paladín de la lucha contra la corrupción.

Esto me recuerda al discurso emebelista de los años 1990, que para separarse de sus padres (narco-políticos del MIR) inventaron el “somos trigo limpio”, pero en menos de seis meses se engulleron cientos de millones de dólares de la ayuda internacional. El MBL vivió “inventando necesidades” para las financieras y lo han hecho bien: buena parte de sus “accionistas” retirados de la política hoy disfrutan las ganancias de todo “el trigo que nos han vendido”. Hay que ver las mansiones, hoteles y propiedades que muchos políticos de izquierda han construido… ¡sirviendo al pueblo!

Pero, como diría Fernando Mayorga, “en Bolivia todo pasa y después nada pasa”. Recordemos que el presidente Evo Morales se autoproclamó “el capital moral” de la nación y que lucharía contra la corrupción. Una retrospectiva (documentada) demuestra que el MAS está muy cerca de superar el récord de corrupción, donde hasta ayer (2012) el MIR-MNR-ADN tenían sitios inexpugnables.

Posiblemente Evo y Linera, aún sean trigo limpio… eso digo yo: (El Chavo pensará lo contrario). Pero gobernar un país, a decir del geógrafo David Harvey, se asemeja al funcionamiento de una familia. Si el papá y la mamá saben dónde, qué hace y con quiénes pasa el tiempo libre su hijo, fácilmente sabrán si el dinero que se le da lo emplea para ir al cine (efectivamente) o para comprar drogas.

Sobreproteger, dicen los psicoanalistas, es más peligroso que la adicción (el crimen) misma. Así es. Aunque en algunos casos “hacerse al víctima” da buenos resultados: pero en el mundo de la política y el arte de la comedia, victimizarse es un acto de cobardía que se paga con la muerte (política).

Si para hacer la revolución tengo que hacer legal lo ilegal (métanle nomás), entonces no se llama revolución, se llama impostura… robo. Hay ciertos ministros que hacen bien su labor de impostores: Suxo y el exministro Llorenti (hoy embajador en la ONU), pues están en plena disputa por un “Oscar” (Eid) por sus papeles en esta comedia llamada “revolución moral”. Suxo seguramente terminará sus días en el Perú, o Alemania, donde tiene a su hija trabajando en la embajada boliviana y estoy seguro de que no faltarán honores y elogios por su labor tan “sacrificada”. Ahora al nepotismo se le llama “Ayni”.

Pero su excelencia, como director de esta comedia, debería delimitar el rol de estos actores y parar el rodaje cuando ve que alguien se sale del libreto. Pero los a-patrias y aprovechados existieron siempre; parece que los bolivianos llevamos esta degeneración moral en nuestro ADN. Así perdimos el Pacífico, el Acre, luego el Chaco; pues mientras unos dan su vida en el frente de batalla, otros meten mano a las arcas del Estado. ¡Cuanto MAS profundo mucho mejor!

En este “mar de lágrimas” que es nuestra historia contemporánea, Carlos Mesa y Tuto Quiroga (niños mimados de la élite blanca) resultaron igual o peor que Berzaín (este por lo menos no volverá), pues eludieron responsabilidades y optaron por el berrinche mediático. Dar un paso al costado, en medio de cualquier conflicto, es lo mismo que dar un paso atrás… y un paso atrás no es otra cosa que un acto cobarde.

Me temo que su Gobierno, su excelencia, está llenito de Llunkus (mejor dicho lame-potos), pues en breve un costoso museo “Evo Morales” se abrirá en su tierra natal, cuando en ese pueblo apenas hay agua potable. Con todo el respeto: no sé si usted está (aún) a la altura de ese merecimiento. Yo dejaría que la historia me juzgue, mientras tanto pozos de agua, red eléctrica y/o canchitas de fútbol o raqueta, estarían mejor.

Admito que en el ámbito académico defendí en más de una ocasión la política económica y antidroga de su Gobierno. Pero justamente en un seminario internacional sobre “Periodismo y Conflicto Social” organizado por el Centro Pulitzer (en Wisconsin) es donde recibí críticas cerradas e inobjetables a mis ilusiones de justicia social y equidad, resumida en la agenda de octubre. Pero mentira… revolución que no genera empleo digno, asegure el pan y pague salarios dignos a los trabajadores tiene los días contados.

Señor Presidente, debe usted asumir responsabilidad de estos actos, limpiar la administración pública de impostores, dejar de culpar al vecino (a la CIA o a los dueños de los departamentos) porque el “edificio se cae”. Una revolución que no da pan a todos (por igual) es como ese edificio (en La Paz) construido en cimientos de papel.

Su excelencia, dedíquele menos tiempo a la raqueta, al fulbito, delegue esas actividades al ministro del ramo. Pues en su tiempo libre es cuando quedamos a merced de sus amiguetes y de ciertos ministros, que no se cansan de meter mano y otras cosas MAS. ¿No se acuerda de su “yatiri” personal?… ¡Está preso por narcotráfico! ¿Del general Sanabria?  ¡También preso por narco! Pero si el señor Llorenti llama “honorables” a estos pandilleros, hoy presos en Palmasola, a quienes usted mismo pidió encarcelar… realmente estamos jodidos. ¿No cree, su excelencia, que con tantos amiguetes de confianza en la cárcel es suficiente?

Es cierto que los medios actúan de forma tendenciosa, pero de su boquita, señor Presidente, han salido tremendas palabrotas y discursos que dejan perplejo al propio Chavo. Esta revolución, a ritmo de su trompeta, está desafinada, y con todo respeto, le pido, afine su trompeta, organice mejor a sus bailarines… Porque en el 2014, le aseguro, cambiaremos, no sólo al trompetista ¡cambiaremos la banda!

El autor es sociólogo y periodista

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