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En Bolivia hay inocentadas todo el año

Por Winston Estremadoiro - 4/01/2013


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Reí a carcajadas de la inocentada que le hicieron a Falcao, jugador de fútbol colombiano que hace proezas goleras en España. Estaba el astro almorzando con amigos, y he ahí que cambian el letrero donde había parqueado su Ferrari, a “estacionamiento reservado para reciclar” y desaparecen su bólido; al darse cuenta de su pérdida, le advierten de la vecina planta de reciclaje y le presentan los restos abollados de un auto, rojo y con nombre ribeteado como el suyo. El soponcio duró hasta que la esposa del crack apareció manejando su carísimo coche.

La primera pregunta que se cruzó fue si algún escritor tendría uno igual, pensamiento previo a una lamentación de que hoy en día más vale regalar un balompié que un libro, a niños que en una década de patear pelotas ganarían más que en 60 años de enhebrar ficciones, digo yo. Una pasada a diarios de la semana me sacó del ensimismamiento depresivo y de nuevo me encarrilé en la sardonia.

Cómo no, si los dimes y diretes del Gobierno del cambio de Evo Morales dan para postular que en Bolivia hay, o parecen haber, inocentadas todo el año.

Bueno, no el año entero, porque los magos de la propaganda oficialista dominan el calendario. De cuando en vez descansan, porque el vulgo se entretiene con otras levedades. Ya vienen los carnavales, y los cruceños estarán más preocupados de sus reinas que de su autonomía; los orureños, entretenidos con su entrada folklórica, olvidarán la hedentina dejada por turistas porque la cerveza seguirá siendo diurética y no prevén los baños portátiles que se necesitan: el tema tiene a una reportera enjuiciada por discriminadora y racista. Ya la gente habrá olvidado los dispendios pachamamistas en la Isla del Sol al inicio del ciclo aymara de armonía y equilibrio espiritual, cuando los mandamases peregrinarán con cara devota a pedir progresos materiales a la Virgen de Urkupiña.

La inocentada inicial será el pago justo y sin dilaciones del Gobierno boliviano por nacionalizar cuatro empresas españolas, menos de un mes de que Evo Morales y Mariano Rajoy se solazasen en La Moncloa de la buena relación con las empresas hispanas que han invertido en Bolivia; entonces, el jerarca español aseguró que nuestro país seguirá siendo prioritario en sus planes de cooperación al desarrollo. Luego de tamaña mamada, se anticipa la retruca española en inocentada de carnavales: cortarán la ayuda de Madrid para atender sus propios problemas económicos. De otra suerte, confirmaría mi hipótesis de que los españoles son los primeros crédulos de la leyenda negra propalada por los ingleses; la política con sus excolonias se basa en un sentimiento de culpa: no mataron a los indios como los anglosajones, pero igual los explotaron a muerte, a pesar de las recomendaciones de Bartolomé de las Casas.

Otra tomadura de pelo será persistir en ampliar la frontera de la coca al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), mediante la apertura de la carretera asesina Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. El Gobierno redimirá la imagen de Evo Morales como adalid de la salvación terráquea, abanderado de “indios del mundo, uníos” , del nuevo manifiesto narcisista, leninista e indigenista. No habrá argumentos para preservar la selva más hermosa del mundo, al anunciar una carretera ecológica que prohibirá a los cocaleros tumbar árboles, sembrar coca, cavar zanjas para macerar cocaína, pescar con dinamita y abrir boliches ruidosos de chicha cumbia. Los cocaleros emularán a encomenderos hispanos de la Colonia, con una versión remozada del “obedezco, pero no cumplo” . Y que los mojeños, chimanes y yuracarés que no comulguen con el “vivir bien”, la armonía y el equilibrio aymaras, se vayan lejos con su cantaleta de la Loma Santa, tierra sin mal y otras “tucuimas” de indígenas cambas de tierras bajas.

A punta de inocentadas completarán la subyugación del reducto camba de la media luna: Santa Cruz. Ya se habrá cumplido eso de que “dos tetas tiran más que dos carretas”  en el Beni, con la asunción de la chica de los afiches, que así como alguna ministra fungirá de peruana cuando le toque cruzar la frontera del Desaguadero, cuando sea necesario podrá asumir de británica sin necesidad de hablar inglés con el labio superior tieso. Fácil será deshacerse del bocón mete mano, reemplazándolo con otro —colla para mayor roncha— también suelto de lengua pero “atravesao”, e igual de impudente con las féminas: ¿acaso ése no es rasgo típico de los cambas, según los prejuicios andinos?

En Santa Cruz, tal como echaron tierra al asesinato en un hotel del cártel de los batracios dizque separatistas, cubrirán las espaldas de mandamases implicados en la red de extorsionadores de incautos gringos y opositores políticos, sin actor de Hollywood que atraiga la atención a injusticias de la justicia boliviana. Será hasta que Susan Sarandon tome interés en José María Bakovic, primera víctima del acoso judicial como arma política, que tiene toda una repartición estatal dedicada en exclusivo a atosigarlo con media centena de juicios, ninguno resuelto después de más de un lustro.

El fin llegará algún día: al paso que van, en el oligopolio del Gobierno pronto serán más los de afuera que los sospechosos de adentro.

Le tocó el turno a la Presidenta de Diputados, quien se atrevió a mirar hacia arriba, quizá de donde provenían las órdenes, en vez de achacar el escándalo de extorsión a mandos medios, porteros y diligencieros. ¿Es versión boliviana del “mensalão”  brasileño, que cierra el cerco a Lula?

El autor es antropólogo

win1943@gmail.com

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