Columnistas

Jueves 21 de agosto del 2014. Actualizado a las 21:09 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa MONÓCULO

Pozo ciego

Por Claudio Ferrufino Coqueugniot - 4/01/2013


  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Pensé que las épocas habían cambiado y que este llamémosle instrumento del pasado ya no se empleaba, que las aguas corrían libres ahora y nada rememoraba la fetidez y oscuridad de aquél.

En el sur de Cochabamba, las nuevas generaciones ya ni recuerdan la Serpiente Negra, un hilillo que formaba meandros entre las casas y orillaba chicherías infames que si bien recordamos con incluso nostalgia, era tiempo que desapareciesen junto al ambiente malsano del arroyo de marras.

Eso en términos de desarrollo, urbanísticos, de salud pública. Durante la Revolución Francesa, el Comité (de Salud Pública) cortó 18.000 cabezas, incluidas las de sus notorios dirigentes, en aras de “limpiar” de la sociedad los elementos perturbadores y contagiosos.

Sin entrar en detalles político-históricos del asunto a lo que vamos es a que cualquier cosa referida a la salud colectiva, y eso incluye el ornato, tiende a destruir remanentes de lo que se considera o se prueba ineficiente, dañino, obsoleto. Ocurrió con los pozos ciegos, que al menos se han alejado de la periferia de las grandes ciudades, aunque de seguro perviven más lejos dada la insufrible miseria de un continente al cual no le han servido siquiera los gigantescos ingresos que la coyuntura de materias primas ha traído hoy.

Cada tema tiene un sin fin de ramas para desgajar o diversificar. Y no deseo alejarme por cauces económicos cuando lo que trato es peligrosamente humano y omnipresente, referido a personalidades y actitudes que afectan, claro, otros ámbitos. Me refiero a los que gobiernan, los guerreros no sólo del arco iris sino de la luz blanca, el cambio, la nueva era, la transformación, en sus propias palabras.

Los que lograron lo innombrable, que gente de abajo se encumbrase arriba, que la base social mayoritaria participase del todo, algo siempre preterido por una historia plena de imbecilidad y también… ceguera.

No creí. Me hice incrédulo desde muy joven, y los profetas de índole diversa rebotaron en una coraza de tortuga ninja. Ajeno a vacunaciones y pandemias, que ocurren cuando la masa sigue fiel y pedigüeña a los caprichos de líderes nacidos en medio de la química social de un momento preciso, tomé con calma la vocinglería dizque revolucionaria de los que subieron al trono prometiendo limpieza. Siete años han pasado, que son muchos más que los siete días que le tomó a Yavé crear el mundo, y nada. Casi, sin ánimo peyorativo, me puse a pensar en los más de 5 mil años que alegan tiene su aymarismo recalcitrante sin ni siquiera la invención del lápiz. Chillarán por esto; difamar de racista a quien critica la mascarada es sencillo. No, racismo es lo que ellos hacen, querer levantar por encima de otros a un grupo étnico, inventándole un pasado sobredimensionado o de mentira. Igual al nacionalsocialismo.

Volvamos a la cloaca inmóvil: el pozo ciego, de capacidad no ilimitada, con volumen marcado y tiempo perecedero. Figura que resalta en su comparación con la realidad actual, con la inamovilidad de las jerarquías. Hubo gente que escaló, no hay duda, pero con ambición de reyezuelos. Y cuando alguien de abajo trepa para convertirse en lo mismo que aquello que denostaba, se transforma, pierde su esencia, es ya parte de un status quo despreciable sea cual fuere su condición social, color o tendencia que enarbole.

Estamos ante los días más corruptos de nuestra historia. Se dore la píldora, se borren los rastros, se distraiga o reparta limosnas, el “pueblo” ya comprendió de qué se trata. El caso Ostreicher destapó la olla por donde intentan escapar los renacuajos tanto como los sapos rugosos. Se arrojan a las negras aguas del pozo ciego que reavivaron, porque allí no se los ve, se mimetizan. Pero hasta este instrumento obsoleto del urbanismo anciano llega a su fin. Si no se lo alimenta se seca. Y lo que habita en su interior se ahoga.

Lecciones sencillas de simple observación.

Preguntan sobre ello a la ministra más transparente y su nauseabunda respuesta es: “Lean la carta de mi mamá”.

El autor es escritor

¿Cómo califica esta noticia?

Calificación promedio
- puntos.

Últimas noticias