Columnistas

30 de agosto del 2014. Actualizado a las 18h34 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa POLIS

¿Golpe de Estado?

Por Fernando Mires - 20/01/2013


  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Pocas veces, quizás nunca, se había dado una situación política tan monstruosa: dos caudillos de un partido, Maduro y Cabello, se han repartido entre sí el poder político de un Estado, bajo el auspicio, y seguramente bajo la dirección de una dictadura militar extranjera

En el siglo XX cuando acontecía en América Latina un golpe de Estado no había discusión. Un golpe de Estado era un golpe de Estado y punto.

Por supuesto, nunca los golpistas han dicho que lo que perpetraban eran golpes de Estado. Ellos siempre hablan de pronunciamiento militar, levantamiento nacional, incluso de revolución. No así quienes nos ocupamos con temas políticos, pues un golpe de Estado era, sin duda, algo fácilmente reconocible.

Entre otras, las características de cada golpe eran las siguientes: (a) Toma del poder por un grupo militar sublevado el cual (b) de modo repentino y generalmente violento destituía al gobierno reemplazándolo (c) por una junta militar que nombraba a un representante máximo (casi siempre militar) el que (d) prometía entregar el poder a las fuerzas cívicas (nunca ocurrió). Después del golpe, (e) era instaurado un Estado de excepción, el parlamento disuelto, el poder judicial convertido en oficina notarial del ejecutivo, las libertades individuales y colectivas suspendidas y los derechos humanos pateados.

En el siglo XXI las cosas son distintas. Cada vez que un presidente es removido, las aguas se dividen. Para unos se trata de alteraciones en el ejercicio del poder. Para otros son golpes de Estado camuflados.

En el campo del análisis político debe imperar, empero, cierta disciplina. Esa es la razón por la cual quien escribe estas líneas ha optado por seguir trabajando con el quizás anticuado “modelo” de las cinco características enunciadas.

Ahora bien, durante el siglo XXI hubo tres países en los cuales se han levantado voces denunciando golpes de Estado: Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Venezuela en 2013.

El 28 de junio de 2009 el presidente Manuel Zelaya fue secuestrado por tropas del ejército desde su residencia en Tegucigalpa y arrojado en un avión rumbo a Costa Rica. Sólo ese hecho permite hablar sin problemas de golpe de Estado. En efecto, ahí hubo acción militar y violencia armada.

Distinto fue el caso de la destitución que expulsó a Fernando Lugo del gobierno paraguayo el 22 de junio de 2012.

Allí hubo efectivamente una conjura parlamentaria, pero no hubo violencia ni intervención militar como en Honduras. En el fondo se trató de una destitución del presidente, hecho que suele ocurrir en muchos países europeos aunque en países latinoamericanos —dado el sobrepeso del poder ejecutivo sobre el parlamentario— es considerado casi como un regicidio. 

Desde el 10 de enero de 2013 hay quienes también hablan de un golpe de Estado en Venezuela. ¿Hubo golpe de Estado en Venezuela?

En Venezuela hubo una violación constitucional llevada a cabo nada menos que por el Tribunal Superior de Justicia (TSJ). A través de esa violación, el TSJ pasó por alto la letra constitucional y subordinó su potestad a los intereses del partido-Estado, siguiendo las pautas sentadas por un pacto concertado entre Maduro, Cabello y los Castro, en La Habana.

En Venezuela el vice Nicolás Maduro podrá prolongar inconstitucionalmente su mandato hasta que Chávez muera o sane. Esto significa, sólo la muerte o regreso de Chávez podría salvar a Venezuela de una dictadura Maduro/Cabello (“alianza cívico-militar”, en las palabras de Maduro).

Ahora bien, según la partitura descrita, en Venezuela no hubo golpe de Estado. Hubo sí una violación constitucional y una usurpación mediante la cual Chávez ha sido convertido, aún en vida, en simple ídolo totémico destinado a cohesionar un liderazgo que ningún chavista está en condiciones de ejercer. ¿No bastaría eso para hablar de golpe de Estado?

La respuesta podría ser afirmativa si es que por primera vez hubiera tenido lugar una violación constitucional en Venezuela. Pero no es así.

Los 14 años de gobierno chavista están plagados de violaciones constitucionales, entre otras, el referendo por la reelección presidencial, las leyes habilitantes, la conversión de la justicia en un organismo en el cual la “santa palabra” del caudillo era ley, el proyecto del Estado comunal (no figura en la Constitución), la conversión de las FAN en aparato militar al servicio de un partido y de una ideología, y paremos de contar. De tal modo, la violación constitucional de Maduro fue sólo una entre muchísimas.

Si hubo golpe de Estado en Venezuela, uno que hizo posible la transformación de una democracia en una autocracia, eso ya había ocurrido, pero en cámara lenta y durante Chávez. Maduro sólo ha asumido su mandato en el marco de una estricta “continuidad inconstitucional”. Luego, la violación constitucional de Maduro no es el origen de un golpe de Estado, sino resultado de un progresivo apoderamiento autocrático de las instituciones públicas. 

Chávez transformó una democracia en una autocracia. Maduro, si no median circunstancias oponentes, transformará una autocracia en una dictadura.

Chávez era sin dudas un autócrata, pero un autócrata electo. A Maduro, en cambio, no lo ha elegido nadie.

A través de violaciones constitucionales —lo estamos viendo— se puede llegar al mismo resultado de un golpe de Estado. Eso ha quedado demostrado no sólo en las violaciones constitucionales que han tenido lugar en Venezuela, sino en un hecho que no ocurrió ni en Honduras ni en Paraguay: se trata de la violación a la soberanía política de una nación.

Pocas veces, quizás nunca, se había dado una situación política tan monstruosa: dos caudillos de un partido, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, se han repartido entre sí el poder político de un Estado, bajo el auspicio, y seguramente bajo la dirección de una dictadura militar extranjera, y en territorio extranjero. Esa, más aún que la jurídica, es la gran violación ocurrida en Venezuela.

 

El autor es filósofo, profesor emérito

de la Universidad de Oldenburg, Alemania

Mires.fernando5@googlemail.com

polisfmires.blogspot.com


¿Cómo califica esta noticia?

Calificación promedio
- puntos.

Últimas noticias