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¿Quién será el nuevo Papa?

Por José Gramunt de Moragas, S.J. - 17/02/2013


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Hace una semana el papa Benedicto XVI anunció su renuncia a la Silla Pontificia y la noticia sigue ocupando buenos espacios en numerosos periódicos del mundo. Los llamados vaticanistas especulan a todo riesgo sobre quién será el próximo sucesor de San Pedro.  Basta una ojeada a la lista de las nacionalidades de cada uno de los pontífices, los italianos se llevan la palma.

Últimamente, este flujo se interrumpió con el pontificado de Juan Pablo II, polaco; y, seguidamente, con Benedicto XVI, alemán.

¿De qué país será el próximo sucesor de Pedro? Los 117 cardenales electores que votarán en el cónclave que se llevará a cabo en el próximo mes de marzo, podrán escoger entre un americano, un europeo, un africano y hasta  un filipino. El Espíritu Santo, al que los cardenales habrán invocado al iniciar el cónclave, será el encargado de orientar los sufragios en favor del cardenal más apropiado para ejercer la misión del papado, en los turbulentos tiempos que corremos.

Si uno repasa los comentarios de los vaticanistas más acreditados, todos coinciden en que el papa Benedicto, al renunciar a su pontificado, ha demostrado virtudes fuera de lo común y, con ello ha despertado vivos sentimientos de simpatía. Ante todo, el valor y la humildad de reconocer que ha llegado el momento en que le están fallando las fuerzas físicas y espirituales para seguir cargando con la gran responsabilidad de ser el Vicario de Cristo en la tierra.

Aquí deseo subrayar que nuestro cardenal, monseñor Julio Terrazas, es uno de los electores porque no ha llegado a los 80 años. Pasada esta edad, el purpurado deja de ser elector, aunque no pierde su dignidad cardenalicia.

Pues bien, la transición de “Papa a no Papa” (la inusual disyuntiva es nuestra) que se cumplirá a las 20:00 de la hora local del día 28, o dicho más exactamente el paso del Palacio Pontificio a un monasterio de clausura que se encuentra dentro del perímetro del Estado Vaticano, se hará con “discreción” (adelantó monseñor Terrazas). Queremos entender que esa “discreción” podría consistir en que aquella importante ceremonia no irá acompañada por la gran solemnidad que se acostumbra en la Santa Sede. Y que podría limitarse a los requisitos formales, suficientes para confirmar la validez jurídica de la dimisión de Joseph Ratzinger como representante de Cristo en la tierra. (Llegado a este punto, me parece, con vergüenza propia, que me he constituido en uno más, de los no siempre acertados, pero sí numerosos vaticanistas…).

Permítanme todavía seguir especulando. Imagino que Joseph Ratzinger una vez recluido voluntariamente en su monasterio, no creo que abandone su ministerio de escribir y publicar temas sobre la Iglesia y el mundo actual. Y también me atrevo a prever que ejercerá la función de consejero, incluso de su sucesor. Condiciones no le faltan. Se ha repetido que Ratzinger es un teólogo de primer nivel. Pero también se afirma que su formación universal lo sitúa entre las personas más cultas de nuestra época. Por último, no puedo evitar que, desde esta columna, rinda mi más sincero homenaje al todavía Benedicto XVI, al mismo tiempo que presente mi respeto y fidelidad al que, dentro de pocos días será el nuevo sucesor de Pedro.

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