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Revistas harapientas

Por Chellis Glendinning - 5/03/2013


El escritor colombiano Hernando Téllez da en el clavo: “¿Por qué no aceptar que en el orden de las ideas políticas no es cierto que hayamos inventado nada que no estuviera ya inventado?”

Aquí en Chuquisaca soy la privilegiada receptora de una invitación para descansarme en Kantu Nucchu, la exhacienda del presidente Don Gregorio Pacheco y la casita donde Antonio José de Sucre, herido en la coup d´etat de 1828, escribió su último mensaje a la nación: “Preservar la obra de mi creación, Bolivia”.

Aquí, entre las arias del río Cachimayo, los molinos antiguos, las sillas barrocas de Francia, los árboles llenos de limones y la hospitalidad incomparable de Ana María y Patricio Marion, he descubierto una pila de revistas harapientas —Cuadernos— publicadas por el Congreso por la Libertad de la Cultura en París durante los años 60 del anterior siglo, con enfoque en la política y cultura latinoamericana.

¡Ah, la historia! ¡Ah, la historia dentro de la historia! Y ahora, con mis ojos observando, la historia dentro de la historia dentro de la historia.

Estoy buceando entre ensayos escritos por Jean Paul Sartre y Victoria Ocampo. La poesía de Octavio Paz y Carlos Castro Saavedra. El comentario político de Germán Arciniegas. Críticas de las obras de Ernest Hemingway, Miguel de Unamuno y Miguel de Cervantes. Estoy mirando las fotos de la Torre Eiffel y el arte precolombino de México.

Un pensamiento, escrito en 1965 por el periodista español J. García Pradas, salta de la página: “Hay novedades muy antiguas”.

De veras, por el olor de moho subiendo desde las revistas, se revela que, así como la controversia sobre la revolución cubana vuelva y revuelva por las décadas, encuentro hartos temas muy familiares: la dinámica entre la razón y la fe; el destino de los pueblos originarios enfrentados por el modernismo; la actitud de América Latina hacia Europa y la de Europa hacia América Latina; la integración del continente. Desde el remolino de palabras e imágenes de los años 60, y al mismo tiempo contemporáneas, sube la impresión de la Gran Rueda del Destino girando y girando por las estaciones, la salida y el retorno del Sol, de la Luna —y de los asuntos esenciales de nuestra vida humana.

El escritor colombiano Hernando Téllez da en el clavo el enigma en su ensayo intemporal de 1965: “¿Por qué no aceptar que en el orden de las ideas políticas no es cierto que hayamos inventado nada que no estuviera ya inventado?”.

El polvo fino depositado en el escritorio donde Sucre escribió su última proclamación, mezclado con el olor de las revistas y el barro encostrado en mis blue jeans de las orillas del Cachimayo, presenta un desafío universal: al fin y al cabo nos damos cuenta de que “todo el mundo es un escenario” y somos nada más que “los actores”. Pero, con nuestro espíritu que rechaza todos los límites, vamos a dar este momento en la gira fantástica la misma pasión e inteligencia que la han dado los de la historia.

La autora es psicóloga y escritora

www.chellisglendinning.org


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