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Benedicto XVI en un claustro

Por Mauricio Aira - 8/03/2013


De los acontecimientos romanos de las últimas semanas hay un rasgo que impresiona y convoca a la reflexión. La decisión del Pontífice de dejar atrás la magnificencia del Vaticano y elegir un oscuro rincón del mismo para destinar su vida a la oración y la reflexión.

Si es cierto que circuló al principio como un rumor la abdicación del Jefe de la Iglesia, de pronto el anuncio con señalamiento de fecha y hora sorprendió al mundo entero y golpeó al ámbito comunicacional con estridencia. Cómo puede ser posible, porqué, ¡qué hay detrás de este hecho!

Torbellino de interpretaciones citando las profecías de Nostradamus y hasta de Malaquías salen a luz y hasta el suave reproche de algún cardenal “de la Cruz no se baja” aduciendo a la renuncia del Papa y su regreso al llano que a su vez replicaría “acepto mi Cruz y sigo el camino” seguido de la contundencia de “seguiré fiel a la Iglesia hasta el final de mis días”. Sin embargo, escribimos aquí al menos cinco de los problemas pendientes que el nuevo Pontífice tendrá que asumir. 1. Celibato sacerdotal, 2. Participación de la mujer en el Gobierno de la Iglesia, 3. Homosexualidad, aborto, adopción de niños por parejas de homosexuales, 4. Reorientación en las finanzas del Vaticano, dando a los obispos mayores atributos para prescindir de Roma en cuestiones prácticas. 5. Reforzar la unidad de los obispos entregando al Papa la autoridad institucional aunque con mayor autonomía episcopal.

Resultan tan escabrosos los nombrados temas que ni siquiera el próximo Pontífice que será elegido dentro de pocas semanas podrá resolverlos totalmente y es que Benedicto XVI con todo el vigor de su Pontificado de ocho años no pudo asumirlos, su tiempo resultó insumido por la pederastia, las medidas hacia dentro, que robusteció a una grey tan grande como 1.100 millones de miembros en casi 200 países que a su vez confrontan problemas específicos de los que llevó cuenta puntual. Su enorme capacidad intelectual de escritor, teólogo y perito en materias muy concretas, demandó su tiempo, se agotó y en su confesión pública, vale decir el documento de su abdicación, reconoce que le falta vigor, para responder en forma apropiada a la encomienda de sus hermanos cardenales.

Estremece nuestra confesa lealtad al Papa como hijos de la Iglesia Católica, nacidos, educados, formados en ella a lo largo de toda nuestra vida, qué quiere Dios con el gesto de este hombre extraordinario que con tanta claridad nos muestra que a la Iglesia se la puede servir tanto desde la vanguardia del Vaticano, como desde el ostracismo y la pequeñez de un convento para no más de 10 personas, a la sombra de la colosal Basílica de San Pedro.

Nos asiste la seguridad de que la Providencia nos ofrecerá una lección de fe. La Iglesia como institución fundada por Jesucristo saldrá robustecida y que el nuevo Papa representará la unión de todos los católicos del mundo y que frente a las corrientes de incrédulos, materialistas, inmorales y las sectas que propagan el error y la idolatría surgirá una iglesia robustecida y fuerte.

Que el gesto de grandeza a la par que de humildad de Benedicto XVI redundará en abundante cosecha espiritual.

El autor es periodista

www.boliviainfo.com

mauricio.aira@comhem.se


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