Ed. Impresa
Las mujeres en la política exterior de EEUU
Por John F. Kerry - 8/03/2013
Durante mi primera semana como Secretario de Estado de los Estados Unidos, tuve el honor de reunirme con un grupo de valientes mujeres de Burma. Dos son exprisioneras políticas y, a pesar de que todas habían afrontado increíblemente duras situaciones en sus vidas, cada una estaba comprometida a seguir adelante, proporcionando educación y capacitación para niñas, hallando trabajos para los desempleados y abogando por mayor participación en la sociedad civil. No tengo duda de que continuarán siendo poderosas agentes de cambio, trayendo progreso a sus comunidades y su país en los años venideros.
Son oportunidades como ésta las que nos recuerdan por qué es tan vital que los Estados Unidos continúen trabajando con Gobiernos, organizaciones e individuos de alrededor del mundo para contribuir y fortalecer los derechos de las mujeres y las niñas. Después de todo, así como en nuestro propio país, los más acuciantes problemas económicos, sociales y políticos del mundo simplemente no pueden ser solucionados sin la plena participación de las mujeres.
De acuerdo al Foro Económico Mundial, aquellos países en los que hombres y mujeres están más próximos a disfrutar la igualdad de derechos son de lejos más competitivos económicamente que aquellos donde la brecha de género ha dejado a las mujeres y niñas con limitado o sin acceso al cuidado de la salud, a la educación, a la elección a cargos públicos o al mercado.
Similarmente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso a semillas, fertilizante y tecnología que el que tienen los hombres, ellas podrían reducir el número de personas mal alimentadas en el mundo entre 100 y 150 millones.
Sin embargo, en demasiadas sociedades y en demasiados hogares, mujeres y niñas son todavía menospreciadas, negadas en sus derechos a asistir a la escuela, y forzadas a contraer matrimonio durante la niñez. Se ha perdido o alterado demasiadas vidas debido a la violencia de género. Como padre de dos hijas no puedo imaginar el dolor sufrido por los padres de la joven mujer conocida como “Nirbhaya”, la estudiante de medicina de 23 años de edad asesinada en un autobús de Nueva Delhi simplemente por el hecho de ser mujer, o la angustia sentida por los padres de Malala Yousafzai, la niña pakistaní baleada por extremistas mientras ella también viajaba en autobús simplemente porque quería ir a la escuela. Pero yo me inspiro en el indeclinable cometido de Malala a su causa, por la determinación de Nirbhaya, mientras fallecía, para llevar a sus atacantes ante la justicia, y por el coraje de sus padres de hablar en nombre de sus hijas y de las mujeres de todas partes.
Es también alentador ver los decididos y firmes pasos que están dando las sociedades en su conjunto para proteger a las mujeres. Bolivia por ejemplo, acaba de aprobar una ley que castiga severamente a la violencia contra las mujeres. Su punto más importante es la incorporación del feminicidio –el asesinato a una mujer por su condición de género–, que será un delito con pena de hasta 30 años y sin derecho a indulto. Esta ley también incluye políticas públicas de prevención contra la violencia y servicios de atención integral gratuita para las víctimas.
Ningún país puede avanzar si deja atrás a la mitad de su población. Es por ello que Estados Unidos considera que la igualdad de género es crítica para nuestros objetivos comunes de prosperidad, estabilidad y paz, y por qué el invertir en mujeres y niñas alrededor del mundo es esencial para avanzar en la política exterior estadounidense.
Invertimos en la capacitación y tutoría de mujeres emprendedoras para que no sólo puedan levantar a sus propias familias pero también ayudar al crecimiento de las economías en sus países. Invertimos en la educación de las niñas para que puedan evitar el matrimonio forzoso temprano, romper el círculo de pobreza, y desarrollarse como líderes comunitarias y ciudadanas comprometidas. Incrementando la educación de niñas y mujeres y su acceso a los recursos también se mejora la salud y educación de la próxima generación
Trabajamos con socios alrededor del mundo para impulsar la salud materna, fortalecer a las mujeres agricultoras, y prevenir y hacer frente a la violencia de género porque todas las sociedades se benefician cuando las mujeres son saludables, seguras y pueden contribuir con su trabajo, liderazgo y creatividad a la economía global.
Hoy, el Día Internacional de la Mujer, es un día de celebración. Es también un día en que cada uno de nosotros debe renovar su compromiso de poner fin a la inequidad que impide el progreso en todo confín del globo. Podemos y debemos comprometernos a ello de manera que cada una de nuestras hijas pueda viajar sin temor en autobús a la escuela, nuestras hermanas puedan alcanzar su tremendo potencial, y toda mujer y niña pueda desarrollarse en su plena capacidad.
El autor es Secretario de Estado de los Estados Unidos de América
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