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La cultura debe ser como una cadena productiva

Por Gustavo Angelo - 27/04/2013


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La cultura tiene que ser percibida en un sentido amplio, antropológico, como expresión simbólica, como comportamientos de ciudadanía y como economía, todo junto. Cultura es cómo la gente administra sus recursos, cómo los desplaza, cómo los comparte.

Entonces, la cultura depende de la relación común entre la ética, la estética y la economía. Todavía los gobiernos (Gobernación departamental, gobiernos municipales) y algunos gestores culturales no piensan así, por lo que cometen el error de confundir la “cultura” con la “farándula” por este pensamiento equívoco; la cultura en nuestro medio llega a ser la quinta rueda del carro y hacer cultura más que una proeza es un suicidio.

La cultura debería ser similar a la cadena productiva de un “producto”, en el que deben interactuar todos los actores (públicos y privados) subsanando todos los eslabones de una cadena productiva. Se debe colocar los pies y las manos en la tierra, cuidar la tierra, hacer la plantación, regar, separar las nuevas semillas y, después, hacer todo nuevamente hasta llegar al mercado y vender el producto, satisfaciendo los gustos y preferencias del consumidor.

Hoy en día lo que llega a sobrar; es la materia prima cultural, pero falta la gestión cultural, ya que la cultura es una jardinería de las personas, de las sociedades. Pero se necesitan recursos para elaborar una gestión cultural. Los indicados para retroalimentar estas deficiencias son los gestores culturales y especialistas en temas de cultura; sin embargo, hoy en día parecen ser muy pocos los que se dedican con toda la convicción a este perfil.

El gestor cultural debe ser el de los “disensos” a gestionar gente de otras culturas, con otras formas de pensar, de vestir, de soñar, de contar el dinero, de tener economías e instintos y los valores que debe tener claros son: “Muchísima fe en el proyecto, capacidad en el trabajo y la autocrítica”.

Los proyectos culturales juegan un rol de mucha relevancia, para inyectar eficiencia y eficacia en una gestión, especialmente en los Gobiernos, donde el actor (oficialía o dirección de cultura) y su equipo técnico y logístico deben elaborar diferentes proyectos.

Por diversas razones, la cultura también llega a ser una inversión, una de las más simples y no la menos importante; con ella es que se mejora la calidad de vida de la colectividad al promover encuentros, favorecer la integración, la gratificación a través del arte y actividades creativas. Y quien vive mejor se enferma menos y produce más.

Es por eso que el sector cultural debe ser relevante e importante en toda entidad pública y privada, en la que, como en una cadena productiva, deben trabajar los diferentes eslabones (producción, transformación y comercialización) sin descuidar ninguno. Un Punto de Cultura tiene hasta un principio matemático, porque Arquímedes dijo: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Carlos Medinaceli decía: “La lucha por la cultura es siempre, la lucha entre dos sensibilidades: pasadista, conservadora de la tradición y misoneísta la una; revolucionaria, transformadora de valores, porvenirista, la otra. Esto observamos ‘aún’ entre nosotros”.

Mientras los gestores y actores culturales anhelan una posteridad eficiente, otros viven en el ocaso de la conformidad (modelo cultural de años anteriores y aplicando fielmente las actividades, ya institucionalizadas en el ámbito cultural).

Economista e investigador

gustavoangelo3@gmail.com

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