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Sicarios, Ley de Fuga y familia

Por Gary Antonio Rodríguez A. - 27/04/2013


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La célula básica de la sociedad es la familia y es allí donde se forjan los hombres del mañana. Niños bien instruidos, con valores y principios morales y cristianos, con seguridad no se apartarán de ellos aun de viejos.

Los familiares están conmovidos, espantados y dolidos; las autoridades, desconcertadas, estupefactas y criticadas. Ésa es la secuela de la ola de asesinatos que azota al país. Los deudos claman por justicia, mientras que un alto dignatario de Estado –que merece todo mi respeto– en su impotencia instruyó a la Policía que aplique la “Ley de Fuga” a los “sicarios”, que los atrape vivos o muertos…

Sicario significa asesino a sueldo. Es una palabra que estoy seguro que el 99 por ciento de los bolivianos desconocía hasta que la televisión mostró cómo un hombre –a sangre fría, a plena luz del día, en presencia de testigos, a cara descubierta– alzó su arma de fuego en contra de otro hombre que, aterrorizado, implorando piedad y dando tumbos queriendo escapar de su agresor no lo logró y fue muerto. El sicario se fue del lugar caminando con toda tranquilidad.

Si la prensa en sus indagaciones ha descubierto que hay quienes se ofrecen por Internet para hacer semejante trabajo, y las autoridades confirman con sus investigaciones tal extremo, entonces un serio peligro se cierne sobre la población porque en esta escalada de terror puede haber hasta asesinatos por error. ¿Estarán usted y su familia, a salvo?

La creciente criminalidad en el país, con especial énfasis en Santa Cruz, merece la mayor atención tanto para reprimirla cuanto para erradicarla. Gobierno y sociedad civil deberíamos ponernos a pensar del porqué de tal situación y qué se está haciendo para evitarla. Se dice que se hace matar por “ajuste de cuentas”, pero también por desengaños amorosos, por codicia, etc., y todo tiene que ver con la falta de amor, tanto en el que ordena la muerte, como en el que mata.

¿Se ha puesto a pensar que ese sicario también fue un niño, alguna vez? Y si bien hoy es plenamente responsable de sus actos, la gran pregunta es: ¿En qué ambiente familiar creció? ¿Qué clase de padres tuvo? ¿Cuál fue su educación? ¿Recibió suficiente amor? ¿En qué instante decidió segar vidas, por dinero?

La célula básica de la sociedad es la familia y es allí donde se forjan los hombres del mañana. Niños bien instruidos, con valores y principios morales y cristianos, con seguridad no se apartarán de ellos aun de viejos.

Cuando un varón y una mujer se casan y el fruto de su amor son los hijos y éstos son educados en el temor de Dios, la buena cosecha estará asegurada. Pero, cuando el concepto fundamental de familia se deforma por desvaríos diabólicos, entonces el núcleo familiar pasa a ser caldo de cultivo para el mal.

El autor es economista, magíster en Comercio Internacional

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