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Una mala noticia

Por Henry Gonzalo Rico García - 27/04/2013


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El desafío de dejar atrás ocho años de gestión del Movimiento Al Socialismo, parece no encontrar acuerdos entre la oposición política del país, quedando claro que no hay capacidad ni proyecto político que se legitime sin un discurso vinculado con las circunstancias, sin una oferta política que asuma compromisos y responda a las aspiraciones de la población; entonces, quienes pretendan ser líderes deben expresarse con ideas que enuncien los propósitos y compromisos, que sintetice la suma de propuestas de mejoramiento social, económico, cultural, político y, fundamentalmente, el rediseño del Estado de Derecho que atañen a la superación individual y colectiva de los miembros de una sociedad.

De cara a las elecciones presidenciales de diciembre de 2014 no hay liderazgo en proyección, pues, todos los posibles candidatos carecen de ideas y muchos de ellos carecen de valores éticos, a pesar que la mayor exigencia que el país tiene, es la restitución de la vigencia plena de los derechos humanos y la independencia de los órganos del poder público que, al mismo tiempo, privilegie la coordinación. Pero además, el gran desafío del país es contar con recursos humanos capaces para dar respuesta a la creciente necesidad de la población, mediante la ampliación de las oportunidades de bienestar, justicia y progreso para quienes tienen menos.

La gente ya no quiere discursos, quiere definiciones y compromisos concretos; sin embargo, y para abatimiento de todos, la oposición sigue en el penoso rol de ofrecer peroratas y ofrendas, y no parecen ser decididos impulsores de un proyecto alternativo serio que vigorice la concienciación ciudadana y ésta sirva de enriquecimiento en nuestras formas de pensar, dentro de nuestra diversidad cultural.

En la oposición no hay la más mínima referencia al desafío de impulsar la producción para ser competitivos, pese a que Bolivia es una tierra pródiga en todos los aspectos. No refieren, siquiera marginalmente, al bienestar humano y progreso social, que significa crecer para crear riqueza y elevar los niveles de bienestar de la población; al desarrollo social y combate a la pobreza; al deporte que enaltece la vida y es acicate para elevar el espíritu, para crecer en lo individual y aprender a hacer equipo para competir y salir triunfante, pero sobre todo para aceptar desafíos; a la salud ligada al progreso; al desarrollo nacional planeando hacia dónde, cuándo y cómo habrá de canalizarse la energía social para que ésta no se disperse o choque, por el contrario, que sea la fuerza que nos asegure el logro de objetivos comunes; en fin, no escuchamos aún identificar lo importante, lo que nos es común, lo que todos queremos; no hay compromiso con las mujeres y hombres del campo, de las zonas periurbanas ni urbanas.

La oposición debe sembrar, no reemplazar; debe hacer un equipo político humano, sensible y próximo a la gente, renovando métodos, siendo más propositivos que implica sumar conocimientos, capacidad y sentido de oportunidad.

Estoy persuadido que sólo la gente que propone, que ve hacia adelante, que afronta los retos, comparte y delega las responsabilidades será capaz de llegar a la cumbre. Los otros no llegarán y quedarán en el camino asfixiados por su básica insignificancia.

La ausencia de entendimiento entre los actores políticos opositores en aspectos esenciales para sentar las bases y construir una sólida oposición es una mala noticia para los bolivianos.

El autor es abogado

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