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Ed. Impresa EL AUTONOMISTA

Élites regionales

Por Diego Ayo - 16/05/2013


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El Programa de Investigaciones Estratégicas de Bolivia (PIEB) lanzó hace casi un año la convocatoria para comprender el surgimiento de nuevas élites en Bolivia. ¿Cuáles son los hallazgos? No hay duda que es mucho lo que se puede decir y este breve espacio a lo sumo me permite comentar algunas ideas de lo estudiado. Sepa el lector que las investigaciones no han sido aún publicadas y que una vez que lo sean el debate quedará abierto. Mientras tanto, disculpen mis colegas del PIEB si hago uso de sus textos en borrador para empezar a sugerir ideas de debate.

Por de pronto es importante mencionar algunos aspectos de cara a lo que es el área de reflexión de esta columna: las autonomías y/o el desarrollo regional.

De tal manera, lo pertinente es comenzar comentando que en todas estas investigaciones hay un factor común: en las diferentes situaciones visualizadas siempre se contempla el ascenso vertiginoso de élites indígenas. O quizás, más que su ascenso se observa su consolidación. De tal modo, se puede plantear una tesis preliminar: por primera vez en nuestra historia la economía indígena salió de su anonimato y/o subordinación al “gran capital”, logrando (por primera vez) que la economía esté dirigida por aimaras o quechuas. No pretendo aportar datos generales sobre lo comentado. Quede constancia de que la Zona Franca en Pando está controlada por migrantes collas (investigación de Carol Carlo), igual que el transporte interprovincial en Santa Cruz (investigación de Carmen Dunia Sandóval), el comercio con Chile, los puestos de venta en la Illampu (investigación de Nico Tassi), la economía de la coca en Yungas (Alisson Spedding), el turismo en Toro Toro (Fernando Galindo) y/o el “control” de las licitaciones públicas municipales en diferentes gobiernos ediles (investigación de Diego Ayo).

Ello plantea una segunda tesis: el surgimiento económico indígena fue anterior a la Revolución Política liderada por Evo Morales. Considero que fue en el periodo neoliberal que se nacieron y/o se empezaron a fortalecer estos grupos, aprovechando los “intersticios” (Tassi) de la economía. La apertura irrestricta del comercio que se consolidó en este periodo económico posibilitó el empoderamiento de sectores ligados al comercio y al transporte. Como dice Spedding, si antes del 21060 el transporte estaba monopolizado por determinadas élites del pueblo, su sola implementación democratizó el manejo de este sector económico, logrando el despegue de diversas élites antes prohibidas de ingresar a estos territorios oligopólicamente manejados. Y, claro ello derivó en similar ampliación y democratización del comercio. Ya vio Fernando Prado en su estudio sobre las élites en Santa Cruz que las ferias de las Siete Calles y otras son controladas por migrantes collas.

Ello plantea una tercera tesis: una historia que comienza con el presidente que pasó de haber nacido al calor de una silenciosa revolución burguesa previa al ascenso de Evo Morales, a la consolidación de un régimen burgués. De revolución capitalista pasa en esta nueva fase a la cabeza de Morales a ser un régimen capitalista. Y es que la permisividad política con chuteros, contrabandistas y/o fracciones cocaleras ligadas al narcotráfico, tanto como el inmenso caudal de recursos fiscales que ingresó a la economía nacional, terminan por consolidar a estas “nuevas” élites, indigenizando, por decirlo de algún modo, el espectro económico nacional. Y es acá cuando surge la tesis que tiene que ver con el área de reflexión de esta columna: la geografía regional indígena ya no es andina. O, para ser más exacto, ya no lo es hace tiempo, pero recién lo es de modo hegemónico o con vías a serlo. La frontera aimara o quechua es hoy el país en su conjunto y más allá (de ahí las remesas). Bolivia se ha indianizado. Alguien me dirá que siempre lo estuvo. Me permito afirmar que no. Sólo el asentamiento de determinadas élites permite hablar de ello. Antes posiblemente la estructura social pigmentocrática nos decía que Bolivia era india. Hoy es más que eso. Es muy difícil concebir la consolidación de un proyecto político si se carece de élites. Y lo que vemos hoy son élites en apronte. No están ligadas entre sí y hasta quizás podrían estar contra de su par étnico: don Evo Morales. Pero empujan a “sus” propias clases tras de sí.

Quede una siguiente tesis: el regionalismo se empieza a reconstruir. ¿Se puede pensar que porque élites migrantes controlan o empiezan a hacerlo porciones fundamentales de la economía cruceña y élites migrantes lo hacen en Pando o en El Alto hay afinidades entre ellas? Mi respuesta es no. No se puede negar que hay y habrá ciertas afinidades de piel, pero lo cierto es que el clivaje predominante empieza a ser el clasista, sólo después el regional y en último lugar el étnico. Un comerciante poderoso que vive en Plan Tres Mil velará por su condición privilegiada como “nuevo rico”, luego se sentirá cruceño y finalmente colla.

Volviendo a la tesis, ello significa que sólo una mirada ilusa puede pensar que el regionalismo irá extinguiéndose a medida que el país se indigenice. Creo lo contrario: surge y surgirá un nuevo regionalismo, élites indígenas, campesinas y rurales empezarán a copar cada vez más espacios de poder que poco o nada tendrá que ver con el re-impulso centralista que caracteriza a la actual gestión y con el esotérico Vivir Bien que muchas veces se pregona. Recordando a José Luis Roca, notable historiador, el motor de la historia volverá a ser la región. La sentencia triunfalista de don García Linera afirmando que los autonomistas están de retirada es confundir el hostigamiento contra las élites tradicionales cruceñas (presas, fugadas, calladas/cooptadas) y su real “derrota” con el real cambio que se viene produciendo por detrás. Un cambio que en verdad está cambiando, y lo hará cada vez, más la identidad nacional, la identidad indígena y la identidad regional.

Es obvio que la tarea rutinaria y meramente procedimental que lleva adelante el Ministerio de Autonomías haciendo cartas orgánicas o estatutos indígenas tiene poco o nada que ver con el real cambio que se gesta. Es paradójico ver que el autodenominado Gobierno del cambio no tiene la más remota idea de este cambio.

El autor es docente universitario

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