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Sicópata ¿se nace o se hace?
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Sicópata ¿se nace o se hace?

Por Yocelynn Olmos O. - 16/05/2013


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En el siglo XVII, en Emilio, o de la educación, Jean Jacques Rousseau argumentaba que el hombre es bueno por naturaleza y que hay un condicionamiento social para que lo sea. Basado en ello hacía de la educación un puntal clave en el desarrollo de la sociedad. Sin quitar importancia a este planteamiento, ya que una sociedad que está educada, es consciente de sus decisiones políticas, es más tolerante y abierta, es lo que hace falta para construir la democracia, tenemos que reconocer que, en la  medida en la que avanza la ciencia, descubrimos que hay ciertos condicionantes biológicos a tomar en cuenta.

No es solamente el hecho de que hombres y mujeres tengamos actitudes diferentes merced a que nosotras tengamos el callo cerebral que comunica ambos hemisferios del cerebro más desarrollado, sino también que los bipolares y esquizofrénicos demuestran diferencias notables en su estructura cerebral, por lo tanto, era de esperar que estos estudios alcanzaran a los sicópatas, sobre todo por el importante impacto que tienen en la sociedad.

Según Adrian Raine, autor del best-seller Violencia y psicopatía, los sicópatas tienen un determinismo biológico y ciertas características propias de ellos que vendrían a contradecir la teoría freudiana del entorno. Es decir, identificándolos, podríamos prevenir el delito, para lo cual ya hay un famoso test. Ya no se trataría de castigar el delito, más bien, de prevenirlo y hay quien va más allá y dice que se podría hacerlo desde el embarazo. Raine, basado en casi 40 años de estudio de sicópatas en la cárcel, puede definir con exactitud las características que los diferencian. A saber: tienen las amígdala cerebral poco desarrollada, es decir, el sitio donde se producen las células espejo que son las encargadas de la empatía;  tienen menos materia gris en la corteza prefrontal, la cual regula el control de los impulsos y la toma de decisiones; metabolizan la glucosa de forma distinta en algunas regiones; el área que procesa las recompensas, el cuerpo estriado, se amplía; y tienen el ritmo cardiaco más bajo que el resto. Es decir, si se identificaran estas cualidades en cualquier persona, incluso, en un niño de corta edad, se podría prevenir la violencia. Y viendo que la terapia conductual y el cambio de alimentación (aumentar alimentos que tengan Omega 3), todavía no dan resultados recalcables, lo más probable es que lo siguiente sea la recomendación de abortar a estos futuros sicópatas, en la misma medida en que ahora se hace con los que tienen la probabilidad de nacer con el síndrome de Down. Más aún considerando que estos últimos no suelen generar alarma social ni violencia y los sicópatas, sí.

Lo más inquietante del informe es que si antes nos sentíamos aliviados por el hecho de que la delincuencia estaba asociada a ciertos entornos, con evitarlos podíamos sentirnos seguros. Con estos últimos datos, no. Los investigadores de la sicopatía plantean que lo más probable es que los encuentres a tu lado, entre tus amigos, entre los políticos o entre aquellos avezados brokers de la bolsa, porque el mundo financiero les atrae más que nada. Basta comprobar que si sus acciones –que implican sufrimiento animal o humano- no les mueven un pelo, estaríamos ante uno de ellos. Y ¿qué características tienen? Suelen ser personas encantadoras, agresivas, sin preocupaciones, impulsivamente irresponsables, pero que se les da bien tratar con la gente y, sobre todo, que se preocupan por sí mismos. Por otro lado, tienden a moverse mucho, cambian de trabajo y les gusta manipular a la gente que les rodea, a usarlos, descartarlos y seguir adelante. Encima de todo, les gusta causar daño. Y no porque no distingan entre el bien y el mal, sino porque les tiene sin cuidado. Para quien tiene resquemores y le da pena identificarlos desde pequeños y tiene pena por el estigma que pudiera causarles, valdría recordarles que ellos no la sentirían por nadie, ni siquiera por sus propios progenitores.

No sé ustedes, pero yo ya tengo identificados a unos cuantos. Lo que me preocupa verdaderamente es que tienen poder, el poder de definir sobre nuestra vida y lo que es peor, están entre nosotros.

La autora es escritora

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