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Censando el Censo

Por Cayo Salinas - 25/08/2013


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Subrayo el auto análisis encarado en el Foro de Sao Paulo en sentido de que será la economía la que ponga en jaque a los Gobiernos populistas de izquierda. Probablemente su razonamiento partió por reconocer que la economía es la única bisagra que no admite ideologías, devoción al caudillo, vivo o muerto, con pajaritos alrededor en pose de reencarnación o sin ellos, pactos, juramento de lealtades o todo cuanto podamos imaginar. La economía es la economía; es implacable, no reconoce fuero ni carisma. Menos mitos, que como se está viendo en Argentina, caen tan rápido como cuando suben. La ecuación, simple como la suma que establece que uno más uno es dos, es muy clara: o el bolsillo familiar tiene lo indispensable como para pasar tranquilamente el mes, o hay problemas. Lo vivieron en carne propia todos los Gobiernos anteriores al 2005 que evidentemente administraron y se vieron envueltos en gestiones con falta de recursos, con presión externa constante, con compromisos de pago de deuda, con demandas insatisfechas y con todo ese bagaje de dificultades que caracterizaron los años anteriores a aquel. Y es que una cosa es administrar el Estado y sus recursos cuando éstos son cuantiosos, ¡y otra administrar crisis!

Con seguridad no una sino varias veces han debido lamentar expresidentes la suerte de no haber estado en función de gobierno en el periodo cuando la economía del mundo respaldó a la nuestra. ¡Comenzó el 2005 y con Evo presidente! Por tanto, así como uno más uno es dos, –lo dije– los gobernantes populistas de izquierda anclados en varios países del continente que no le temen a la oposición, se preocupan, en cambio, por la posibilidad de no contar con la cantidad de dinero suficiente para mantenerse en el poder. Ese dinero, que en abundancia sirve para soslayar cualquier error político, es el que se inyecta en la economía sea a través de donaciones, bonos, subsidios o “regalos–préstamo” y que ha servido –lo hace aún– a muchos gobernantes para sustentar la estrategia de fondeo en el poder el mayor tiempo posible. La radiografía es muy sencilla: toma del poder en todos sus niveles, constituciones reformadas a imagen y semejanza del modelo, lenguaje mordaz contra todo lo que significó el pasado –colonialismo de por medio– y promesas de obras y más obras. Y ahí viene el Censo, que en términos racionales y técnicos, debió ser el instrumento capaz de sostener la columna vertebral del país y la que debió habernos permitido proyectarnos al 2025 pero sin ánimo de manipulación, sino con un verdadero espíritu de progreso.

El Censo, bien concebido y con verosimilitud, debió ser la antítesis de esa bisagra (llamada economía) y la fuente de información capaz de generar desarrollo, que en buen romance significa ahuyentar el fantasma de la crisis económica ¡a la que le temen los populistas!   
Los hechos muestran que el Censo fue utilizado para dar forma a un inexistente Estado Plurinacional y que ahora hace aguas por la falta de credibilidad de sus conductores. Bien manejado, debió haber sido –por costo y estadística– el referente más cercano a la realidad y la bitácora al 2025. Y es que los yerros han ocasionado que la información estadística, que es la única fuente que permite construir Estado, esté cuestionada. Urge por tanto, reconducir el proceso, evitar que el daño sea mayor y procurar que al más corto plazo, el Censo sea censado. No hacerlo, o no querer hacerlo seriamente, terminará por hundir mitos y realidades aparentes, con la economía de por medio.

El autor es abogado

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