Editorial

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Bono estudiantil

Por Redacción Central - Los Tiempos - 27/10/2006


La intención es, desde luego, digna de encomio, atento el índice de deserción que anualmente se registra en el territorio nacional por causas que sería largo enumerar.

El gobierno del presidente Evo Morales ha dispuesto el pago, a partir del mes de noviembre próximo, de un bono de 200 bolivianos a los estudiantes del primer al quinto grados de primaria del sistema educativo fiscal, lo que demandará una inversión de 30 millones de dólares provenientes del Impuesto Directo a los Hidrocarburos.

La medida, tendente a evitar la deserción escolar -tradicionalmente alta en el país-, se inspira en un bono parecido instituido en la ciudad de El Alto el año 2003 bajo la denominación de Bono Esperanza, consistente en 200 bolivianos que se distribuían en cuotas de a 50 a lo largo de los últimos cuatro meses de cada gestión lectiva hasta la presente en que fue sustituido por la dotación de calzados, ropa deportiva, una chamarra y una frazada al alumno, modalidades que a decir de las autoridades regionales, tuvieron su efecto en materia de continuidad de la asistencia de la población estudiantil a los centros de aprendizaje y formación dependientes del Estado, concretamente de la Alcaldía alteña.

El nuevo beneficio, bautizado con el nombre de Juancito Pinto, será cancelado por la banca a los padres o tutores de un aproximado de un millón doscientos mil niños de cinco a diez años de edad en las ciudades capitales de departamento, mientras que en provincias serán las Fuerzas Armadas las que lo harán efectivo, de acuerdo con informe oficial, que además da cuenta del propósito gubernamental de tornarlo permanente, al igual que el Bonosol que reciben los ciudadanos de la tercera edad.

La intención es, desde luego, digna de encomio, atento el índice de deserción que anualmente se registra en el territorio nacional por causas que sería largo enumerar.

La intención de entregar al estudiante esos recursos en subsiguientes gestiones es, de hecho, positiva, más aún si se lo hace hasta la conclusión del ciclo primario, dependiendo -claro está- de las posibilidades del erario.

De lo contrario, proveer de metálico a los jefes de familia temporalmente, sería una invitación a que lo gasten en cualquier cosa y no en la toma de previsiones para que sus vástagos sigan asistiendo a clases durante el tiempo que sea necesario para concluir, al menos, el ciclo primario.

La norma ha sido expedida con mucho optimismo de parte del gobierno y recibida incluso con aplausos por la oposición. Resta, ahora, aguardar que deje una buena experiencia para el futuro, si es que al bono se le da ese carácter de permanencia siempre sujeta al perfeccionamiento.


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