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PRIMER DESAFÍO A LA AUTORIDAD OMNÍMODA

Por Redacción Central - Los Tiempos - 9/02/2010


De la manera cómo el oficialismo resuelva el conflicto dependerá si se consolida la tendencia a concentrar todo el poder en una persona o si se abre la posibilidad de que se le pongan algunos límites

“No queremos que renuncie. Evo: te pedimos que respetes nuestra decisión. No nos obligues a tomar medidas radicales”. Con esos duros términos y otros similares, los dirigentes de las federaciones departamentales de campesinos Túpac Katari y Bartolina Sisa de La Paz han lanzado un desafío a la autoridad de Evo Morales y la cúpula del Movimiento al Socialismo. El hecho, por el contexto en que se produce y los antecedentes que lo preceden, marca un hito muy importante en las relaciones entre la nueva élite gubernamental y los “movimientos sociales” sobre los que se sostiene.

Hace algunos días, en este espacio editorial, nos referimos al tema bajo el titulo “Mandar obedeciendo”. Decíamos en esa oportunidad que hay muchas razones para suponer que en el seno del Movimiento al Socialismo y la red o coalición de “movimientos sociales” que alrededor de él se aglutinan se están gestando profundas contradicciones y que por tal motivo se podían prever días difíciles en las filas del oficialismo.

“Ha llegado el momento de poner en claro lo que en realidad significa eso de “Mandar obedeciendo”; quiénes mandan y quiénes obedecen. Y no faltarán oportunidades durante las próximas semanas para saber si son las nuevas élites encaramadas en el poder o los “movimientos sociales” quienes imprimen su sello a la nueva etapa del “proceso de cambio” que se  inicia”, decíamos.

En efecto, todo parece indicar que, más allá de las pugnas de intereses personales, lo que se esconde tras las discrepancias internas en las filas del oficialismo es algo mucho más profundo. De lo que se trata es de definir en los hechos, y ya no sólo en los discursos, quién manda y quién obedece en el nuevo Estado “Plurinacional”.

Por un lado, son muy grandes los esfuerzos que se hacen desde los círculos más cercanos al primer mandatario para que sea él, y sólo él, quien concentre en su persona todo el poder y por consiguiente la autoridad necesaria para definir los nombres de quiénes serán aceptados y quiénes excluidos del nuevo aparato estatal. Y por otro, los “movimientos sociales” en cuyo nombre actúan los primeros, que se niegan a seguir jugando, como durante los últimos cuatro años, sólo un papel decorativo.

Hasta ahora, la consigna de “mandar obedeciendo” fue suficiente para que los “movimientos sociales” acepten pasivamente el rol que se les asignó. La necesidad de mantener la cohesión interna frente al “enemigo externo” representado por la oposición política y cívica, hoy derrotada, fue el argumento que se esgrimió para justificar la concentración del poder.

Ahora, cuando tal razón ya no tiene asidero por haber dejado de existir una oposición digna de tal rótulo, las “organizaciones sociales” exigen, con toda razón, que se plasme en los hechos el rol protagónico que en los discursos se les asigna. No aceptan, por consiguiente, que su voluntad sea subordinada a la de cúpula gubernamental.

No es pues poco lo que está en juego en la disputa que se ha desencadenado alrededor de la figura del candidato Félix Patzi. De la manera cómo el oficialismo resuelva dependerá si se consolida la tendencia a concentrar todo el poder en una persona o si se abre la posibilidad de que se le pongan algunos límites.

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