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CHILE, UN PAÍS CON ESPERANZA

Por Redacción Central - Los Tiempos - 12/03/2010


La amistad y cercanía entre ambos pueblos y gobiernos pueden abrir prometedores cauces hacia una reparación práctica de las cuentas pendientes que nos legó la historia

Durante las últimas semanas, y sobre todo durante las últimas horas, Chile ha ocupado un lugar destacado en los medios de comunicación del mundo entero. Y no sólo por el terremoto y sus réplicas. También por el reciente proceso electoral que culminó ayer con admirable fluidez pese a circunstancias tan adversas con la transición presidencial.

Todo eso se refleja, además de las noticias, en abundantes análisis y comentarios inspirados en lo que ya tiene todas las características de un fenómeno económico, político, social y cultural –aunque tal vez el orden de esos factores deba invertirse– digno de la mayor atención.

En lo económico, los logros de Chile son notables. Tanto, que ha sido el primer país sudamericano en incorporarse a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), lo que lo incluye en el selecto club de los 30 más ricos del mundo. Su política económica ha dado tan buenos resultados que la próxima meta chilena es alcanzar los indicadores económicos propios del primer mundo.

En lo político, el proceso electoral reciente y el relevo de socialistas por liberales sin que nadie se sienta protagonista o víctima de un gran cambio, es la más fiel expresión de dos décadas de estabilidad política basada en un esfuerzo común que comenzó a trascender las distancias ideológicas aun antes de que la guerra fría llegue a su fin en el resto del mundo. La solidez de sus instituciones democráticas, en cuya base está un sistema de partidos políticos que funciona armónicamente, es el complemento imprescindible de su dinamismo económico.

Pero ninguno de ambos pilares se habría consolidado, ni se habrían complementado tan virtuosamente, si no los hubiera acompañado un eficaz reparto de los beneficios del crecimiento, lo que se plasma en admirables indicadores sociales. Las mejoras en la calidad de vida, reflejadas en la educación, salud y distribución de oportunidades, han hecho posible una cohesión social sin la que ningún éxito habría sido posible.

Y en una doble relación de causa y consecuencia de todo lo anterior, con lo que termina de cerrarse un círculo virtuoso, se destaca el factor cultural, entendido éste no sólo como la suma de indicadores educativos, sino principalmente como el conjunto de valores, hábitos, creencias y esperanzas compartidas por encima de cualquier diferencia. Eso hizo posible una voluntad común cuyos frutos dan mucha satisfacción y orgullo a todos los chilenos.

Nada de lo anterior significa, por supuesto, que Chile esté libre de muchísimos males y defectos, como es natural en cualquier sociedad humana y como se ha visto en la tragedia que se encuentran sobrellevando. Pero tan necio como negar lo lejos que está de lo ideal, sería negar que ha logrado alejarse, y mucho, de los indeseables niveles de pobreza, inestabilidad política, injusticia social y desesperanza que otros países de la región se empeñan en perpetuar.

Es por todo eso muy alentador y digno de todo apoyo que el presidente Evo Morales haya dado tantas muestras de simpatía y aproximación hacia el pueblo chileno y su nuevo gobierno. La amistad y cercanía pueden abrir prometedores cauces hacia una reparación práctica de las cuentas pendientes que nos legó la historia y también hacia un mejor futuro compartido.

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