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GETIDE, UN MISTERIOSO ORGANISMO POLICIAL
Por Redacción Central - Los Tiempos - 17/03/2010
Por todos los antecedentes del Getide, se puede temer que estamos ante algo más grave y digno de más atención de la que suelen recibir casos policiales comunes
La denuncia hecha en días pasados por el Defensor del Pueblo de Cochabamba acerca de las torturas a las que fue sometido un ciudadano colombiano por seis policías —y que felizmente ha sido acogida por el Ministerio de Gobierno— ha vuelto a dar actualidad a un tema que con cierta frecuencia ocupa la atención del país para luego pasar al olvido una y otra vez. Se trata de la existencia de organismos policiales sobre los que por su origen, naturaleza, atribuciones y métodos de acción pesan muchas dudas.
Uno de esos misteriosos organismos policiales de cuya existencia y persistencia nos enteramos siempre por noticias relacionadas con tenebrosas historias de crímenes de alto vuelo es el Grupo Especial Táctico de Investigaciones de Delitos Especiales (Getide). No es casual que así sea, pues como su nombre lo indica, su razón de ser consiste precisamente en hacerse cargo de “Delitos Especiales”.
La última vez que se supo algo de ese grupo policial fue hace exactamente un año, cuando —casualmente un día como hoy, el 17 de marzo de 2009—, altas fuentes policiales informaban que “el Getide fue disuelto y sus integrantes distribuidos a distintas reparticiones policiales en todo el territorio nacional”. Tal información fue inmediatamente desmentida por el Comando General de la Policía, pero sí se confirmó que sus tres jefes fueron removidos.
Según los informes de aquellos días, la causa de tales “ajustes” en el Getide fue su participación en el esclarecimiento del caso “Santos Ramírez – Jorge O´Connor”. Ese grupo policial habría sido el que descubrió los vínculos entre el ex presidente de YPFB y el empresario asesinado, lo que habría conseguido a través de torturas aplicadas contra algunos de los implicados.
Un año antes, en febrero de 2008, el entonces ministro de Gobierno, Alfredo Rada, el vicepresidente García Linera y otras autoridades del Poder Ejecutivo informaron, incurriendo en un sinfín de contradicciones, que el Getide, junto a otros organismos policiales especializados en tareas de inteligencia, sería disuelto para fusionarse en una sola estructura. Días después se informó que tal intención inicial había sido desestimada y que el Getide pasaría a depender de la Dirección de Inteligencia.
Con esos antecedentes —y muchos otros que se remontan hasta 2004 cuando ese grupo policial fue creado expresamente para investigar el secuestro de la hija de un funcionario de la Embajada estadounidense o cuando cumplió un papel de primer orden en la investigación de los crímenes de los que se acusó al italiano Marino Diodato— no puede dejar de llamar la atención que el Getide vuelva a ser noticia, esta vez por la aplicación de crueles métodos de interrogación contra un grupo de colombianos cuya actividad en nuestro país continúa siendo un misterio.
A primera vista, a juzgar por los informes oficiales sobre el caso y por la manera cómo el Ministerio de Gobierno ha afrontado el asunto, podría creerse que se trata sólo de desmanes cometidos por unos cuantos policías inescrupulosos, por lo que un drástico castigo contra ellos sería suficiente para que el tema pase, una vez más, al olvido. Todo parece indicar, sin embargo, que estamos ante algo mucho más grave y digno de más atención de la que suelen recibir casos policiales comunes. Es de esperar, por eso, que el Defensor del Pueblo persevere en la labor que ha iniciado.
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