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LA CORRUPCIÓN, MAL CONGÉNITO DE YPFB

Por Redacción Central - Los Tiempos - 18/03/2010


Es alentador que el Ministro haya reconocido, por fin, que la causa última del mal radica en la Ley de Hidrocarburos actualmente vigente

Hay temas noticiosos que, por lo recurrentes que son, poco a poco van incorporándose a la rutina perdiendo paulatinamente el valor informativo que en otros tiempos tuvieron. Uno de ellos es el relativo a los casos de corrupción en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos que, por lo frecuentes que ya son,  han perdido la cualidad de sorprender y escandalizar.

Son por otra parte tan groseros los métodos de los que se valen quienes se han dado a la tarea de enriquecerse a costa de YPFB, que las secciones de crónica roja de los medios de comunicación, y no las de información económica, resultan las más adecuadas para abordar la manera como está siendo administrada la empresa más importante de nuestro país.

Se ha banalizado tanto el tema, que por eso tampoco sorprende ya la naturalidad con que el presidente de YPFB reconoce que la corrupción continúa campante en la empresa que está a su cargo, y la tranquilidad con que insiste, una y otra vez, en la urgente necesidad de hacer algo al respecto.

Muy comprensible resulta en ese contexto, que el Presidente brasileño ya no disimule su tono socarrón cuando repite en cuanta ocasión se le presenta que si Brasil todavía compra gas boliviano es por la compasión que siente por nuestro país.

Lo que no es de ningún modo comprensible es que las principales autoridades gubernamentales insistan en mantener intactas las causas principales de tan deplorable estado de cosas, muy a pesar de los consejos de quienes sí saben del negocio hidrocarburífero y de la administración responsable de empresas.

Entre las causas del mal que ya han sido abundantemente identificadas por expertos en la materia, la principal consiste en la falta de institucionalidad que caracterizó a YPFB desde el momento mismo de su refundación y desde que se inició el proceso de “nacionalización”, hace ya cuatro años atrás.

Como lo reconoce el actual Ministro de Hidrocarburos, hasta hoy la empresa estatal carece de normas y reglamentos que guíen su funcionamiento y administración y los pocos que existen, que son los heredados de otros tiempos, como sus estatutos, son sistemáticamente violados para que pueda seguir funcionando como un apéndice del Movimiento al Socialismo y no como la empresa que sostiene al erario nacional.

A tal extremo ha llegado la arbitrariedad, que las principales autoridades de YPFB siguen siendo “interinas”, continúan gozando de poderes omnímodos otorgados por el Presidente mediante decretos, y no tienen a quién rendir cuentas de sus actos y sus consecuencias. En tales circunstancias, no hay nada más natural que los resultados sean por todos conocidos.

Ante tanto descalabro, el Ministro de Hidrocarburos ha vuelto a plantear la necesidad de proceder a una profunda y radical reestructuración de la empresa, tal como lo han venido proponiendo todos sus antecesores durante los últimos años. Lo novedoso es que ahora se reconoce que el salvamento de YPFB deberá comenzar por la derogación de la Ley de Hidrocarburos actualmente vigente y la aprobación de una nueva lo que, dada la abultada agenda de la Asamblea Legislativa, podrá hacerse dentro de uno o dos años. Mientras tanto, habrá que seguir observando cómo se desmorona uno de los pilares de la economía de nuestro país.

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