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EL LITIO EN EL FUTURO NACIONAL
Por Redacción Central - Los Tiempos - 22/03/2010
Después de varios días durante los que el gobierno central y las instituciones cívicas de Potosí midieron sus fuerzas para definir si la futura Empresa Boliviana de Recursos Evaporíticos (EBRE) tendría su sede en La Paz o en Potosí, el gobierno tuvo que dar el brazo a torcer y los potosinos lograron la abrogación del Decreto Supremo (DS) 0444.
La derrota de la propuesta oficialista ya se veía venir. Y no sólo porque ya más de una vez el pueblo potosino dio muestras de la firmeza con que están dispuestos a defender sus intereses, por lo que el anuncio de una huelga general indefinida a nivel departamental no fue tomado a la ligera. Pero más decisiva aún fue la amenaza de usar las urnas el 4 de abril próximo para hacer oír a través de un masivo “voto castigo” el descontento de Potosí.
Casi 500 años de una historia de saqueo de las riquezas minerales con que la naturaleza fue tan pródiga con ese departamento sin que los beneficios hayan llegado, ni en una mínima porción, a sus habitantes, son motivo más que suficiente para comprender la susceptibilidades de los potosinos y su firme decisión de evitar que la tragedia se repita.
Ahora que el litio ha sido identificado como uno de los minerales más valiosos del futuro, y el salar de Uyuni como la más grande reserva del mundo, resulta lógico que los potosinos se nieguen a ser simples testigos pasivos de las decisiones que se toman sobre tan importante asunto.
Llama la atención, sin embargo, que un aspecto del problema relativamente secundario, como la ubicación física de las oficinas de la EBRE, haya sido y siga siendo el mayor motivo de las discrepancias. Sin negar que alguna importancia puede tener el domicilio legal que se le dé a la futura empresa, mucho más digna de preocupación, y no sólo para los potosinos sino para los bolivianos en general, es la manera como el gobierno se propone encarar la explotación del litio. Una manera que, al paso que vamos, parece encaminarse a paso firme hacia una nueva frustración.
Hasta ahora, la política estatal sobre el litio se ha basado en dos premisas. La primera es que según coinciden todos los expertos en materia energética, el litio está llamado a ser la base de una verdadera revolución energética que tendrá lugar a escala planetaria durante las próximas décadas. La segunda es que más de la mitad del litio existente en la Tierra está ubicado en territorio potosino, en el Salar de Uyuni.
A partir de las dos ideas básicas, el gobierno y los potosinos dan por supuesto que el negocio está hecho y sólo hay que esperar que las inversiones y los réditos comiencen a llegar.
La verdad, lamentablemente, es muy diferente. Es que ese 48 por ciento de litio que no está en Potosí es por demás suficiente para satisfacer la demanda mundial de las próximas décadas. Chile y Argentina ya están avanzando a pasos agigantados hacia la explotación del litio que tienen, el que siendo poco si se lo compara con el de Uyuni, es mucho más de lo que hace falta para satisfacer la demanda actual y futura.
Con esos antecedentes, los potosinos, como todos los bolivianos, harían bien al preguntarse si no estamos extraviándonos en disputas tan insulsas como la ubicación del próximo castillo de aire.
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