Ed. Impresa Editorial
UN "DÍA DEL MAR" DIFERENTE A LOS DEMÁS
Por Redacción Central - Los Tiempos - 23/03/2010
La nueva carga simbólica que se le pretende dar al “Día del Mar” y el radical giro de nuestras relaciones con Chile son un doble motivo para reflexionar
Como cada 23 de marzo, desde hace ya más de 120 años, los bolivianos conmemoramos hoy el “Día del Mar”, el más importante de nuestro calendario cívico después del 6 de agosto, para recordar la heroica aunque infructuosa resistencia encabezada por Eduardo Abaroa en el puente del Topáter, tras la cual se produjo la ocupación de Calama por tropas chilenas.
Extraño caso el nuestro, pues por lo general los países conmemoran los momentos más brillantes de su historia: sus victorias, sus conquistas, sus principales logros, y alrededor de ellos construyen y alimentan su espíritu cívico, su orgullo nacional. Alrededor de las victorias compartidas se tejen y refuerzan los lazos que hacen posible la unidad nacional por encima y a pesar de las múltiples diferencias internas que todo pueblo ha tenido y aún tiene.
En nuestro caso, la pérdida del Litoral y la identificación de la Guerra del Pacífico como el origen y causa última de todos nuestros males han sido el principal elemento aglutinador de nuestra identidad colectiva y el único capaz de sobreponerse a las diferencias étnicas, clasistas, regionales, políticas e ideológicas que nos separan.
Siendo tan grande la carga simbólica del “Día del Mar” y de los actos cívicos y militares con que se lo realza, no resulta casual que haya sido escogido por los conductores de la “revolución democrática y cultural” en curso como la oportunidad más adecuada para presentar al país el nuevo rostro de las Fuerzas Armadas, con los nuevos lemas y emblemas que a partir de hoy serán parte constitutiva de su identidad.
La wiphala por primera vez izada en plano de igualdad con la tricolor nacional en actos militares oficiales, el grito “Patria o muerte… ¡Venceremos!” desplazando al que desde las arenas del Chaco fue coreado por los soldados de la Patria y la exclusión por primera vez en más de 43 años de los excombatientes de Ñancahuazú de las celebraciones marciales son algunos ejemplos ilustrativos de los profundos cambios que de manera paulatina pero persistente están siendo introducidos en el espíritu cívico de los bolivianos y en especial de las nuevas generaciones.
Muy ligada a lo anterior está la insistencia con que la Cancillería boliviana se empeña en dar por superados, o por lo menos bien encaminados hacia su superación, los grandes temas que quedaron pendientes entre Bolivia y Chile después de la guerra de 1879.
Que tal acercamiento se produzca y que la política exterior del actual gobierno tenga claramente identificada como su máxima prioridad la superación de los traumas, resentimientos y enconos hacia el pueblo chileno que fueron tan ambiguamente alimentados en épocas anteriores no es algo que en sí mismo deba ser cuestionado. Al contrario, es parte de un saludable proceso de reconciliación con nuestro pasado, con nosotros mismos y, sobre todo, con nuestro futuro, por lo que debe dar lugar, por lo menos, a un sereno y profundo debate nacional, siempre y cuando esté claro que la prioridad es recuperar nuestra cualidad marítima con un acceso libre y soberano al mar.
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